Así cocino mis libros

Bienvenidos al blog una semana más. Hoy os voy a enseñar algo que me ha sido de gran provecho durante años y que hasta día de hoy mantenía he mantenido en secreto: nada menos que… [redoble de tambores]… la receta que sigo para cocinar palabras.

Antes de nada, tengo que decir que no sé muy bien cuándo ni dónde la aprendí, pero la verdad es que llegar a ella me ha requerido mucha práctica y mucha prueba y error.  Es posible que tú conozcas alguna variación de esta receta, y hasta que tu versión no tenga nada que ver con la mía. En ese caso, te invito a que la compartas en los comentarios para que los lectores del blog puedan obtener ideas.

Sin más dilación te dejo con esta receta para cocinar palabras que tan bien sientan tanto en verano como en invierno, tanto en novela, como en historia corta, como en post de blog. Y lo que más me gusta… ¡es tan barata! De hecho… ¡es gratis! Sí, porque no tendrás que comprar ningún ingrediente, ya los tienes todos. Mira, mira:

Ingredientes

Instrucciones

1. Pon los personajes y las localizaciones a calentar 

Es muy importante que la materia prima sea de calidad, pero no queremos que el resultado final sea insulso y genérico, así que no añadas los personajes y las localizaciones tal y como te los encuentres: ponlos a fuego lento y remueve hasta que notes que ganan consistencia.

Puede parecerte que los ingredientes de base no son importantes (al fin y al cabo… todavía quedan por añadir muchas capas e ingredientes), pero en realidad sustentan todo lo demás, así que cuando la elaboración de la receta esté más avanzada, corregir errores será mucho más difícil.

2. Prepara las tramas y las subtramas

Añade trama líquida a un bol y luego añade subtrama al gusto. El tipo y la cantidad los puedes decidir tú, pero será mejor que lo hagas de manera equilibrada. Si te pasas o te quedas corto, el resultado puede ser aburrido o confuso.

Remueve.

3. Incorpora los personajes y las localizaciones a la trama

4. Amasa bien

Ahora llega la parte más difícil de la receta.

Si has añadido la cantidad adecuada de trama líquida, cuando batas, todo quedará bien ligado. Si te pasaste o te quedaste corto y la masa es demasiado poco consistente o demasiado compacta… mejor empieza la receta de nuevo. Pero no te preocupes: la próxima vez medirás mejor las cantidades.

Si por el contrario notas cómo la mezcla se vuelve más espesa y cómo va adquiriendo un aspecto homogéneo… entonces vas por el buen camino. Amasar puede parecerte un rollo: tienes que hacer un esfuerzo constante y lo dejas todo pringado. Pero es muy importante que lo hagas con cariño y sin prisas. Si te anima, puedes pensar en lo cerca que estás de ese delicioso texto. (¡Ñam!)

Sabrás cuándo la mezcla está lista cuando su aspecto sea consistente y ya no deje tus manos pringadas.

5. Añade gramática y vocabulario al gusto

Bien mirado, este paso también es uno de los más importantes, ya que define en gran medida el resultado final. Así que sé comedido.

6. Deja reposar

Ahora mételo todo en la nevera.

Quizás te veas tentado a abrirla y a continuar con la preparación antes de tiempo. Al fin y al cabo, has empleado mucho trabajo en esto, y estás deseando ver el resultado final. Pero si quieres mi consejo, olvídate por un tiempo. Ponte a hacer otra cosa: ve pensando en los platos que usarás o en cualquier otra cosa que se te ocurra. Para que la mezcla repose, hace falta tiempo. Ni siquiera Ferrán Adriá ha encontrado otra manera de hacerlo.

7. Rectifica

Corre a la nevera a por la masa. Este es el momento en el que tienes que estar más fino. Si en algún paso de la elaboración se te fue la mano, ahora podrás corregirlo.

Pero piensa que aunque puedas probar y rectificar varias veces, también es posible que te pases corrigiendo el sabor hasta el punto de que habrás quitado a la masa el toque especial que tú mismo le habías dado.

8. Moldea en capítulos

Estamos de acuerdo en que el resultado será exquisito, pero… ¡No querrás darte un atracón! Tanto tú como tus invitados disfrutaréis mucho más de esta delicia en pequeñas porciones.

Así que ya sabes, ayúdate de párrafos, capítulos, y/o las herramientas de tu elección para que la presentación sea insuperable.

9. Emplata y sirve

¡Por fin llegamos al final!

Esta es la fase en la que se te permite ser más original. Hay todo tipo de herramientas y elementos decorativos a tu disposición que puedes usar para presentar tu obra.

Además, aquí es cuando deberás pensar en los lectores finales: ¿cómo suelen leer? Y sobre todo, ¿dónde puedes encontrarlos para ofrecerles esta increíble obra que seguro que les parecerá deliciosa?

Como imaginarás, este último paso no es nada fácil. Aunque por otra parte, tampoco es obligatorio. Puedes quedarte tu obra para ti, o compartirla con tus amigos y familiares, sin una presentación compleja, a modo casero.

Consejos

  • No te vengas abajo si la primera (o las cien primeras) veces no te sale bien. Como avisé al principio, necesitarás práctica y mucho probar para que a tus lectores se les haga la boca agua.
  • Busca tu toque especial. Muchos otros cocineros tienen una receta similar a esta, pero ese «algo» que diferencia unas palabras de otras lo tienes que poner tú de tu cosecha.
  • Durante la elaboración de la receta siempre mide bien las cantidades. Un exceso o escasez de alguno de los ingredientes podría arruinar el resultado. Muchos han intentado e intentan experimentar con los ingredientes y el proceso de elaboración obteniendo diversos resultados. Si quieres probar algo diferente, más te vale saber lo que estás haciendo (o no saberlo en absoluto).


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