Ante la duda, suprimir

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No sé exactamente cómo fue. Creo que alguien lo dijo en un documental. O quizás lo leí. Pero una vez, mientras estudiaba la asignatura de montaje audiovisual en mis estudios de Publicidad, oí una cita que se me quedó grabada: «Ante la duda, corta«.

A pesar de la precisa planificación de los rodajes y de la multitud de principios en los que se basa el montaje cinematográfico (raccords de continuidad, etcétera.), la del montador no es una tarea sistemática, sino que hay un margen para la creatividad y la iniciativa.

Igual que cuando se edita el borrador de un libro, cuando se monta una película no existe una solución única y correcta. El montador tiene que confiar en su intuición y en su experiencia para saber cuándo hay qué cortar y cuándo hay que dejar. Una sola palabra o un solo frame pueden parecer insignificantes teniendo en cuenta que la obra completa está formada por miles de ellos, pero la armonía es una cosa frágil, y hace falta muy poco para dañarla.

Ante tanta incertidumbre, es normal que el editor titubee de tanto en tanto. No tiene una fórmula matemática que aplicar; o un caso equivalente en el que fijarse; ni siquiera hay dos personas que le darán el mismo consejo. Demasiado a menudo todas las opciones le parecen correctas e incorrectas a un mismo tiempo.

A veces, después de mucho probar y comparar, terminamos llegando a una solución que creemos satisfactoria. Pero también existe una segunda posibilidad que por alguna razón no solemos tener en cuenta: suprimir.

Si no consigues que esa frase quede bien, si has tenido que reescribir diez veces ese capítulo, o si ese personaje no termina de encajar, quizás sea porque ninguno deberían estar ahí en primer lugar.

Cuando me atasco con algo suelo estar demasiado distraída por el hecho de estar atascada como para pensar en la solución, así que me suele llevar un tiempo darme cuenta. Pero si hay suerte y tengo un momento de lucidez, termino recordando la máxima y dándome cuenta de que todo era tan sencillo como suprimir el obstáculo y continuar adelante.

One comment to this article

  1. Francisco Tapia

    on mayo 9, 2015 at 6:50 pm - Responder

    Totalmente de acuerdo contigo, Nadia. La intuición, ese legado de nuestro pasado que despreciamos, es más sabia de lo que parece. En cuanto algo no cuadra en nuestros textos, nos quedamos varados y con cierta desazón. Se encienden las alarmas y alguien «por ahí dentro» nos avisa, pero no le hacemos caso y nos bloqueamos escribiendo.

    La solución, como indicas, es cortar. Y es que, como decía Husillos (El milagro de P.Tinto) : «¡Si hay que sanear, se sanea!»

    Un saludo, desde «Con Pluma y Pixel»

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