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¿Qué es un videojuego de humor?

La pregunta, en toda su desnuda sencillez, me surgió ayer mientras escuchaba a otras personas enumerar sus videojuegos de humor favoritos. En todos los casos se nombraban títulos de Lucas Arts, y otras aventuras gráficas de la época célebres por el sentido del humor puesto en diálogos, personajes y argumentos. Hasta aquí, todo correcto. Personalmente adoro el sentido de humor surrealista y el estilo visual de estos videojuegos, así que entiendo que se hayan convertido en referente.

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¿El videojuego más divertido de la historia?

Pero… también es verdad que, con el paso del tiempo, después de ver cómo al hablar sobre humor en los videojuegos el discurso acaba centrándose de manera casi exclusiva en Lucas Arts, empiezo a sentir un poquito de resquemor. ¿Es que en las últimas décadas no ha habido otros videojuegos que se hayan aproximado al humor de manera brillante y creativa?

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Referentes

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Me pregunto si a veces no tomamos los referentes equivocados.

Si quiero ser una escritora exitosa, como Stephen King, por ejemplo, puede que me sienta inclinada a dejarme guiar por sus consejos y experiencias:

“Cuando encuentras algo en lo que tienes talento, lo haces hasta que tus dedos sangran o tus ojos están apunto de caer de tu cabeza.” (Stephen King)

¿Estamos seguros de que esto es lo mejor que alguien puede hacer con su talento? ¿Solo porque Stephen King lo diga?

También pasa cuando veo una película o un juego increíble. Me siento inspirada de repente, y me propongo hacer cosas creativas, y espero llegar a hacer algo parecido algún día. Pero la verdad es que las personas que hicieron ese juego o esa película trabajan y viven bajo unas circunstancias determinadas, diferentes a las mías (por ejemplo, probablemente tengan más experiencia, un sueldo mayor, etc.).

¿No sería más apropiado tomar como referente a alguien más cercano a mí, cuyas circunstancias sean parecidas a las mías, y que quizás no ha vendido un millón de libros, pero aún así hace cosas geniales? Quizás los referentes de los que más cosas útiles puedo aprender están más cerca de mí de lo que pensaba. Por ejemplo en el trabajo. O en mi familia.

Y todo sin necesidad de que me sangren los dedos.


Los únicos sinónimos totales

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Tanto quien escribe emails como obras de ficción, parece que todos tenemos más o menos asumido que la repetición de palabras en el texto suele producir un efecto poco armónico.

Me doy cuenta de que la escritura es una búsqueda continua de sinónimos. Cuando escribo, abro una especie de cajón en mi memoria donde retengo las palabras un tiempo, para así tenerlas a la vista mientras aplico una serie de normas que ajustan mi escritura a lo que es tolerable para el lector. Por ejemplo, no repetir con demasiada frecuencia (o sí, según la intención) las palabras menos comunes, separar las referencias similares en el texto, o elegir sinónimos más o menos próximos.

Sinónimos parciales y sinónimos totales

En este sentido, he estado leyendo sobre tipos de sinónimos en base al grado de equivalencia, y me ha llamado la atención la distinción entre sinónimos totales y parciales.

1. Sinónimos parciales son los que son equivalentes solo en un contexto determinado. 

Por ejemplo, fiel sería sinónimo parcial de leal, porque en ciertos contextos, se pueden usar con el mismo significado:

  • El hombre fue fiel a su amigo hasta el final.

Pero en otros puede que no sea así:

  • El documental es un reflejo fiel de lo que ocurrió.

2. Por otra parte, sinónimos totales son palabras que quieren decir lo mismo en todos los contextos. 

Por ejemplo, según esta web, serían sinónimos totales:

  • Obediencia y acatamiento
  • Anciano y longevo
  • Pena y tristeza

¿Quién define los significados?

Hace unos años, un profesor de la universidad nos explicó algo que no sé por qué, pero se me presentó como una revelación, y que es que los únicos sinónimos totales de la lengua española son aún y todavía.

La máxima es incompatible con las clasificaciones antes mencionadas, y con todo lo que he leído en internet, pero me siento tentada a hacer una interpretación libre de la misma, y a relacionarla con la subjetividad.

Porque la verdad es que para mí, pena y tristeza no son lo mismo. De hecho, quizás lo fueron durante cinco segundos, pero cuanto más pienso en esas palabras (o en cualquier par de sinónimos), más diferencias encuentro. Del mismo modo, intuyo que cualquier otra persona también encontraría diferencias, aunque seguramente no iguales que las mías.

En resumen, ¿podemos escribir tranquilamente dando por sentado que algunas palabras son perfectamente intercambiables según los dictados de la RAE? Cuando lanzamos un texto que será disfrutado e interpretado por un lector, ¿no deberíamos tener en cuenta que el significado que él dará a esas palabras será uno propio que puede que coincida o no con lo que marcan los estándares?

Sí, la conclusión del artículo está formulada por preguntas. Al final, no soy sociolingüista ni filóloga, pero hago mi propio uso de la lengua y me gusta reflexionar sobre ello. Sobre todo cuando el cajón de palabras está abierto en mi memoria y tengo que decidir cómo le hablo al lector.


Fuentes: iejemplos


Quizás sea la estructura

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Estos días he estado leyendo Save the Cat, un manual sobre escritura de guiones de cine que expone con bastante elocuencia los problemas a los que se enfrentan los escritores de guiones profesionales, y las técnicas que emplean para afrontarlos.

Aunque el libro está enfocado al cine, casi todo se puede aplicar a la creación de historias en cualquier otro medio. En este sentido, una de las ideas que me han parecido más útiles es la de que por muy buena que sea tu premisa, si no la despliegas en una estructura adecuada, el resultado será una historia desequilibrada e incapaz de conectar con el público.

El propio autor reconoce en el libro que durante mucho tiempo se guió más bien por intuición, hasta que se paró a analizar la estructura de los guiones de cine, y se sorprendió al descubrir que las historias mejor balanceadas se podían fragmentar en estructuradas con partes sorprendentemente similares.

Partes de la estructura de un guión según Blake Snyder:

  1. Opening Image
  2. Theme Stated
  3. Set-up
  4. Catalyst
  5. Debate
  6. Break into Two 
  7. B Story 
  8. Fun and Games
  9. Midpoint
  10. Bad Guys Close In 
  11. All is Lost
  12. Dark Night of the Soul
  13. Break into Three
  14. Finale
  15. Final Image

Si intentas aplicar esta estructura a cualquier película de Hollywood, te das cuenta de que la mayoría se pueden adscribir con bastante exactitud a este modelo. En otros medios como literatura o videojuegos, quizás el guión varíe, pero en todo caso, creo que un modelo como este nos puede servir como punto de partida para reflexionar sobre hasta qué punto una posible carencia en nuestra historia podría deberse a la falta de una estructura nítida, equilibrada y atractiva.


Género por defecto

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Piensa en el género de los últimos personajes que hayas creado. Si no creas personajes, ve a tu estantería y piensa en el género de los personajes protagonistas de las últimas novelas que has leído.

¿Por qué los personajes hombres son hombres, y por qué las mujeres son mujeres? ¿Está la elección justificada en la narración? Quiero decir, ¿hubiera sido imposible imaginar el mismo libro con un personaje del sexo opuesto, o lo que es lo mismo, se podrían intercambiar los géneros de los personajes sin que el resultado final se viera afectado?

Cuando me paro a pensar en algún caso concreto, la mayoría encajan con este último supuesto. Pero entonces, ¿qué nos hace a los autores elegir uno u otro? Si no hay una exigencia específica argumental, ¿no debería de haber la misma proporción de personajes hombres que mujeres? Porque más o menos eso es lo que ocurre en la realidad, y al escribir ficción siempre tratamos de hacer que las cosas parezcan verosímiles.

Vamos a analizar un poco qué géneros son los que están más presentes entre los protagonistas de obras de obras de ficción de éxito.

Este es el ranking de las películas que más recaudaron el pasado fin de semana en USA según Box Office Mojo*:

  1. Spectre > > protagonista masculino
  2. The Peanuts Movie  > > protagonista masculino
  3. The Martian  > > protagonista masculino
  4. Goosebumps > > protagonista masculino
  5. Bridge of Spies  > > protagonista masculino
  6. Hotel Transylvania 2 > > protagonista masculino
  7. Burnt  > > protagonista masculino
  8. The Last Witch Hunter > > protagonista masculino
  9. The Intern > > protagonismo compartido entre un hombre y una mujer
  10. Paranormal Activity: The Ghost Dimension > > protagonismo compartido entre un hombre y una mujer

Proporción: 80% protagonistas masculinos, 20% mezcla

Ahora vamos a la literatura. Estos son los libros de bolsillo más vendidos en Fnac.es*:

  1. Y las montañas hablaron >> protagonismo compartido entre hombres y mujeres
  2. La playa de los ahogados > > protagonista masculino
  3. Saga Silvia 2: Encontrando a Silvia > > protagonista femenino
  4. Paisaje de otoño > > protagonista masculino
  5. Adiós, Hemingway > > protagonista masculino
  6. Dispara, yo ya estoy muerto >> protagonismo compartido entre hombres y mujeres
  7. Máscaras > > protagonista masculino
  8. Los renglones torcidos de Dios > > protagonista femenino
  9. Adulterio > > protagonista femenino
  10. Canción de Hielo y Fuego 2. Choque de reyes >> protagonismo compartido entre hombres y mujeres

Proporción: 40% protagonistas masculinos, 30% protagonistas femeninos, 30% mezcla

Por lo visto, las figuras masculinas tienen mucho más protagonismo en cine que en literatura, pero en cualquier caso, yo diría que en general, en ficción, el reparto de roles está más bien desproporcionado.

Las causas de la desproporción

Creo que una de las causas es que los autores, de manera más o menos consciente, reproducimos las fórmulas que han demostrado tener éxito en otros casos sin cuestionarlasPorque en el fondo, si quiero que la gente lea mis historias, trataré de seguir las líneas que percibo como exitosas.

Luego hay un tema que me intriga, que es el de la empatía. Es decir, en principio, un hombre se familiarizará más con las vivencias de un hombre, y una mujer, con las de una mujer. Si damos por sentado que el mismo número de hombres y mujeres van al cine, ¿no sería más seguro para los guionistas y productores equilibrar un poco el reparto de géneros, con tal de que los planteamientos atraigan a la mayor audiencia posible?   

A no ser… que a las mujeres también nos atraigan los papeles masculinos, porque sabemos que en la vida hay más figuras públicas exitosas masculinas que femeninas, y es de eso de lo que queremos participar al ver o leer ficción.

Pero en este caso… ¿no se estaría dando una especie de círculo vicioso? Quiero decir, si los modelos de éxito en la ficción son casi siempre masculinos, ¿no se estará verificando de algún modo ese fenómeno en la vida real?

Cosas a las que renuncias sin saberlo

Hace poco tiempo me di cuenta de que durante casi toda mi vida había estado eligiendo el género de muchos de mis personajes, sobre todo de los protagonistas, por inercia. Mis personajes nacían hombres por defecto. 

Supongo que porque en el fondo, de entrada siempre me parecía más interesante un personaje masculino, y también, porque percibía que cualquier persona aleatoria probablemente prefería ponerse tras el punto de vista de un hombre.

Estas asunciones, por supuesto, parten de valores poco deseables, pero la cuestión es que las acaté sin cuestionarlas ya desde que era niña, cuando todavía no sabía nada sobre sociedades, ni mora, ni ética. Luego, con el tiempo, al pararme a analizar otras obras de ficción, he ido viendo que no soy la única; que el fenómeno es norma general en muchos ámbitos (aunque quizas cada vez menos). En resumen, que no he hecho otra cosa que reproducir lo que veía en otras partes, pero no por ignorar la posible dimensión social del tema, he dejado de fomentar estos estereotipos.

Desde hace un año o así, cada vez que creo un personaje, me paro a pensar en si debería ser hombre o mujer. Concretamente, me pregunto cómo de diferente sería la historia si la protagonizara un personaje del otro género, o si en realidad no cambiaría casi nada.

Gracias a esto me he dado cuenta de que estaba renunciando a cosas interesantes. No estoy diciendo que haya sido una revelación que me ha abierto un sinfín de nuevas posibilidades creativas. Tampoco creo que tenga que asumir la obligación de aplicar políticas de igualdad a mi ficción. Solo que una vez que me paré a pensar en estas cosas, ya no fue posible para mí volver a ignorar el tema. 

En fin, el resultado es que desde entonces he planificado dos historias protagonizadas por mujeres (una ya la conocéis), aunque igual me ha dado por ahí porque es la novedad y al final la proporción se equilibra, o incluso vuelve a sus orígenes.

En fin, esto es lo que pienso. No sé si tú te habías parado a pensar en el tema. Si tienes alguna idea, te invito a comentar en los resultados. ¡Hasta la semana que viene!


*Me disculpo por cualquier posible error que pudiera haber cometido al designar a los protagonistas de estas obras de ficción. No he visto ninguna de estas películas ni he leído ninguna de estas novelas, así que me he guiado por las sinopsis y los materiales promocionales.


Un concurso, un evento, y dos MOOC

Un concurso

Ana Churruca, del podcast Triunfa con tu libro, me ha propuesto ser jurado para un concurso que consiste en lo que su propio nombre indica: Escribir un cuento de 6 palabras, ni una más ni una menos.

No sé cómo se me dará ser jurado, pero creo que será mucho más fácil que participar. Quiero decir… ¿de verdad se puede escribir algo mínimamente interesante con solo seis palabras? La verdad es que estoy deseando leer las obras de los concursantes. Si es verdad eso que dicen de que contar con recursos limitados ejercita la creatividad, no se me ocurre una mejor oportunidad para ponerlo a prueba.

Por si te sirve de inspiración, te dejo con el célebre cuento en el que se basó Ana para plantear el concurso:

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Fuente: http://triunfacontulibro.com/

Un evento

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Me llega la información de que el 24 de octubre se celebrará en Madrid el Primer encuentro de autores independientes, con talleres y actividades en torno al mundo de la autopublicación.

Hay quien dice que los cursos, convenciones, etc. sobre autopublicación son una pérdida de tiempo, y desde luego, hay que tener en cuenta que este es un acto organizado por Amazon. Aún así, creo que yo iría a meter las narices, la verdad. 😛

Dos MOOC

Más cosas. Esta semana han dado comienzo en Coursera dos MOOC gratuitos de diseño y narrativa en videojuegos:

MOOC-principles-of-game-design MOOC-story-and-narrative-development

Si te estás preguntando qué es un MOOC, o si lo sabes pero nunca has llegado a inscribirte a ninguno, te cuento mi experiencia.

Que el curso sea gratuito y que esté impartido en Coursera en principio no significa que sea un buen o un mal curso. Cada uno está organizado por una entidad (normalmente universidades), y cada entidad destina los recursos que puede o quiere. También, como en cualquier curso de pago y presencial del mundo mundial, los profesores pueden estar más o menos motivados, y por lo tanto, transmitir mejor o peor sus enseñanzas. Por último, el curso puede ser más o menos popular, y en consecuencia, estar más o menos masificado.

En resumen, que puede ser una absoluta pérdida de tiempo, o resultar un éxito y que te enseñe muchas cosas nuevas y te permita conocer gente.

También puede interesarte saber que la mayoría de las veces las lecciones teóricas se combinan con ejercicios prácticos, pero que son los propios alumnos los que corrigen y puntúan los trabajos de los demás. Aún así, suele haber profesores que dedican bastante tiempo a revisar los foros e incluso a responder mensajes privados.

En todo caso, casi que en cuanto entras en la página de presentación del curso, o si no, después de unas pocas lecciones, te vas dando cuenta de si el curso merece la pena. Si el MOOC está bien organizado y te implicas, puedes llegar a sacar mucho provecho.


Cómo elijo los nombres de mis personajes y algunos apuntes sobre el naming en ficción

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La verdad es que a la hora de poner nombre a mis personajes, siempre me he guiado por mi intuición más que por otra cosa. No he leído lecciones sobre el tema ni he seguido recomendaciones ajenas, pero me da que esta es una cuestión en la que cada maestrillo tiene su librillo.

Buscando ideas para el post de esta semana, me pregunté si había alguna pauta más o menos consciente que sigo de manera sistemática a la hora de bautizar a mis personajes. Aunque pienso que el naming de personajes no es un proceso ni mucho menos mecánico, sino más bien espontáneo, creo que esta lista basada en mi experiencia como autora y como lectora, te puede servir como guía práctica para obtener ideas o contrastar tus propios métodos.

1. Los nombres deben ser adecuados a tu historia

Más de lo mismo, pero creo que es importante.

Para mí que los nombres de los personajes de una misma historia deben formar un todo coherente y cohesionado en el que cada nombre se vea justificado a sí mismo. Y no solo hablo de coherencia en cuanto al idioma o a las connotaciones culturales que lleven asociados. Hablo de su sonoridad, de su consistencia. Bueno, en realidad no sé de qué hablo, pero sé que está ahí, y que es único en cada historia.

Que un conjunto de nombres sea apropiado dependerá de factores específicos a la novela o relato en cuestión, como el género o el tono (literal o irónico, por ejemplo). Por supuesto, eso significa que muchas veces lo que sea apropiado en un caso puede no serlo en otro, y por cierto, ahora que lo pienso, también invalida este artículo que estás leyendo, que se basa en mis métodos personales.

En fin, a ver si se me ocurre algún ejemplo.

Pues mira, en Ensayo sobre la ceguera, Saramago se refiere a sus personajes con epítetos como “la mujer”, “el ciego”, “el niño”, “el viejo”, etcétera. Ni siquiera cuando el punto de vista está en “la mujer”, llegamos a saber su nombre propio. El hecho de que este método se utilice de manera consistente es de algún modo significativo en sí mismo, ¿no te parece?

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Prueba de comprensión lectora. Según lo que has leído hasta ahora, ¿cuál de los siguientes listados sería el más apropiado?

2.Tiene que haber cierto sentido de arbitrariedad

La verdad es que siempre doy mucha importancia a la verosimilitud en ficción, tanto cuando la leo como cuando la escribo. Por eso creo que a la hora de poner nombres a personajes, a veces tenemos que contenernos y respetar los límites de lo creíble.

Quiero decir, igual te sientes tentado de apellidar “Black” a un tío que resulta que es un poco malote, o “Clara” a una chica que es muy blanquita de cara y muy rubita. Hombre, hasta en la vida real podría darse el caso, pero bueno, antes de decidirte piensa que los padres bautizan a los hijos antes de saber cómo será su personalidad.

Si al final te la juegas, asegúrate de que la elección se justifique de algún modo en el marco de la narración, y que el lector encuentre la justificación aceptable. Si no, también puedes convertirlo en apodo, destacar la ironía detrás de la coincidencia, o incluso, por qué no, no hacer nada de lo que estoy diciendo.

Por cierto, en relación a esto, ¿qué te parece esta primera frase de una historia de mi propia cosecha?

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3. Si el nombre es demasiado largo o inusual, distrae

Durante un tiempo estuve obsesionada con el nombre “Alexander”. Llamé Alexander a por lo menos tres personajes relevantes de tres historias diferentes, incluyendo al protagonista de La máquina de soñar.

Esta es una novela basada en la exploración constante de la psicología del protagonista, y como apenas aparecen otros personajes, casi todo el rato tengo me refiero a Alexander como protagonista de la acción. Alexander dice, Alexander sube, Alexander baja, Alexander duerme. Que si Alexander esto, que si Alexander lo otro. Alexander, Alexander, Alexander. Si ya has aborrecido el nombre, imagínate después de un par de horas de lectura.

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Salvo que vayas a escribir una novela sobre Pokémon, mejor que los nombres sean legibles.

Cuando escribí el primer borrador de La máquina de soñar no había publicado nada todavía, y lo último que me pasaba por la cabeza era lo susceptible que pudiera sentirse un hipotético lector con respecto a la sonoridad de los nombres de mis personajes.

Algo más tarde, cuando retomé el proyecto con más perspectiva, me di cuenta de que la repetición continua de un nombre propio tan inusual para un hablante de habla hispana podría llegar a interferir en la lectura. Estaba bien que el nombre fuera original y memorable, pero no que llamara la atención sobre sí mismo de manera constante.

Como aún así me resistí a cambiar el nombre, decidí disminuir el posible efecto cacofónico en la medida de lo posible mediante una especie de “purga”.

Lo que hice fue:

  • Eliminar los “Alexander” que no fueran primordiales.
  • Sustituir el nombre propio por un pronombre personal o por un sustantivo siempre que fuera posible.
  • Reescribir o puntuar algunas frases de modo que quedara suficiente separación entre menciones como para evitar la sensación de reiteración.

También en algunas partes me resultó útil señalar la palabra con un subrayador fosforescente para detectar repeticiones excesivas de un vistazo.

Con estos ajustes creo que conseguí neutralizar el efecto cacofónico que planeaba sobre el escrito, y aprendí a estar más atenta a este tipo de detalles relacionados con la experiencia del lector.

4. Si un nombre propio tiene connotaciones claras asociadas, estas pueden interferir en la lectura de tu personaje

¿Estás seguro de que quieres llamar a tu personaje Madonna? A no ser que la elección se justifique en el marco de la narración, o que precisamente estés planeando alguna jugada con los significados atribuidos al nombre, es mejor que elijas otro, o el lector se quedará con la impresión de que algo no cuadra.

Se me ocurre que podría ser un experimento divertido preguntar a amigos o familiares qué ideas o palabras les evocan los nombres de los personajes de tu siguiente historia*. Si diferentes personas responden con conceptos muy similares, quizás deberías tenerlo en cuenta para contrarrestar prejuicios o para aclarar ciertos rasgos del personaje pronto en la narración. O también puedes querer ignorarlo por completo, claro, tampoco hay por qué ponerse en plan freudiano.

Por cierto, me viene a la memoria un caso célebre en el que pasó justo lo contrario. Resulta que J.K. Rowling le puso a Hermione Granger el nombre de “Hermione” porque era muy inusual en la vida real, y quería reducir al máximo el número de niñas a las que probablemente tomarían el pelo por llamarse igual que la empollona de Harry Potter. Irónicamente, a raíz del éxito de la serie, muchos padres empezaron a poner el nombre a sus hijas:

5. Si el nombre es demasiado común, el lector no lo recordará

¿Cómo se llama el protagonista de la última película que viste? ¿Y de las últimas diez? Yo me acuerdo de uno, y solo porque era también el título de la película.

Con los libros igual no pasa tanto, pero pasa. La cuestión es: ¿me importa? La verdad, yo creo que no, pero no sé por qué, me da la impresión de que cuando recuerdas el nombre de un personaje, es más probable que te acuerdes del personaje en sí, de la obra, de lo que te influyó de la lectura. O quizás es al revés, y recordamos el nombre de un personaje porque la historia nos influyó. En fin, como siempre, me limito a divagar.

En cualquier caso, sí creo que en algunos casos específicos puede convenir procurar un nombre memorable. Por ejemplo, cuando se trata de una serie o saga, o cuando es una obra muy centrada en un personaje protagonista, en cuyo caso un nombre sugerente puede hacer que el personaje parezca más atractivo —que es precisamente lo que busca el naming entendido como disciplina del marketing. Al fin y al cabo, si recuerdas el nombre de alguien, ¿no estarás de algún modo más inclinado a hablar sobre él?

6. En la medida de lo posible, conviene evitar que el lector se arme un pifostio mental

Vale que no soy la lectora más ágil del mundo, pero no recuerdo tener un cacao mental de nombres como cuando leí 100 años de soledad.

Tenemos nada más y nada menos que siete generaciones de una familia en la que todo el mundo se llama Aureliano, Arcadio, Jose Arcadio, Arcadio II y similares, y es así durante cientos de páginas donde se hace referencia constante a las relaciones entre familiares de diferentes épocas.

Menos mal que más o menos pronto me di cuenta de por dónde iban los tiros, y tomé la iniciativa de montar un árbol genealógico como este que hay en Wikipedia. Conforme el libro avanzaba, yo iba ramificando el árbol y tomando notas para identificar a cada personaje, y así logré enterarme de todo.

Fuente: Wikipedia.

Fuente: Wikipedia (clic para ampliar).

Evidentemente, la obra es un clásico reconocido tal y como está escrito, y Gabriel García Márquez tendría sus razones para poner esos nombres a sus personajes, pero la verdad es que a mí, como lectora, me llegó a suponer una distracción de la lectura.

Moraleja: tus lectores no tendrán tan interiorizados como tú los nombres e identidades de tus personajes, y para aprenderlos irán improvisando reglas mnemotécnicas y reteniendo las caracterizaciones que vayas modelando de cada uno.

Tenlo en cuenta (si quieres), y al menos procura reducir al máximo el riesgo de generar pifostios mentales.

7. Los nombres propios suelen sugerir una procedencia

A pesar de que nunca sitúo mis historias en zonas geográficas reales, tengo una indiscutible tendencia a asignar a mis personajes nombres de sonoridad anglosajona.

Durante mucho tiempo lo hice de manera automática, sin reparar en ello, hasta que a alguien le debió de parecer raro y me preguntó que ya que es escribía en español, por qué los personajes no tenían nombres típicos de la esa misma lengua.

Por alguna razón, tengo prejuicios contra los nombres propios españoles en ficción, tanto cuando los escribo como cuando los leo. Creo que tiene que ver con el hecho de que los libros y los cómics que leí en mi niñez y adolescencia, que es cuando los libros más me han influido, casi siempre eran obras en inglés o de origen anglosajón.

Tampoco sé en qué medida esto explica o justifica mis prejuicios, pero es algo que hago sin pensar mucho. Simplemente, cuando tengo que elegir, los nombres extranjeros me suenan mejor.

Pero a lo quería llegar es a que cuando eliges nombres para tus personajes, lo quieras o no estarás señalando, de manera más o menos directa, hacia una procedencia geográfica o cultural del mundo real. Por otra parte, cuando el lector lee un nombre nuevo, y sobre todo si todavía no se ha especificado ninguna procedencia en la narración, intentará situarlo en un mapa (o esa es mi teoría). Creo que conviene ser consciente de este tipo de cosas para asegurarnos de que lo que se interpreta de nuestra narración corresponde a lo que nosotros queremos comunicar.

Luego también está la opción de inventar los nombres propios de modo que el lector no llegará a asociarlos con ninguna procedencia en concreto.

Creo que si este recurso se emplea en casos en los que es apropiado al género y al tono de la historia, el resultado puede ser muy interesante. Estoy pensando en The Stranger, de Max Frei. En este libro, el anodino nombre del protagonista humano, Max, contrasta con los singulares nombres de los habitantes del mundo de Echo, tales como Lonli-Lokli, Maba Kalox, Melamori, o Juffin.

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Bendito el día en que me topé con esta obra en una librería.

El mundo de Echo ya es bastante único de por sí, pero el hecho de que los nombres propios tengan personalidad y que al mismo tiempo no lleguen a evocarme ninguna procedencia específica del mundo real, en mi opinión añaden autenticidad al universo del libro.

Además, para mí este es un caso atípico porque realmente me gusta leer los nombres de los personajes, paladear su sonoridad aunque sea solo en mi cabeza. Evidentemente esto hace que me resulten más memorables. ¿Quién en su sano juicio olvidaría un nombre como el de Melamori?

En resumen, cuando eliges un nombre para tus personajes, lo quieras o no estarás vinculándolos con una procedencia, o si no, ya se la atribuirán los lectores.

Por cierto, una buena manera de asignar nombres creíbles a los personajes es usando un generador automático de nombres. Yo uso Behind de Name Generator, donde marco las casillas si quiero que el nombre sugiera alguna procedencia específica, y luego genero un par de nombres hasta que aparece uno que me satisface.

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Random Name Generator es la pila bautismal de muchos de mis personajes.

Conclusión

Si yo fuera tú, no me haría ni caso (a mí, digo, no a ti). Seguro que tú tienes tu propio método, que es el mejor posible para elegir los nombres de los personajes de tus propias historias. El mío es el mejor que tengo para elegir los de los míos. 😛

Pero bueno, espero que te haya gustado el artículo, y que te lances a compartir tus métodos en la sección de comentarios de abajo.

¡Hasta la semana que viene!


(*Oye, ya que estás, ¿me dices qué te evoca “Frederich”?)


“Cosas” y otras palabras baúl

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El artículo de turno sobre cómo escribir bien lo dice claro: allí donde puedas poner una palabra específica, no uses una genérica.

Supongo que fue después de leer varios de estos consejos que terminé cobrando conciencia de mi creciente encaprichamiento por las palabras “cosa” y “cosas”.

Por supuesto, la revelación me puso en alerta: ¿significaba eso que soy una holgazana de la palabra; una pobre léxica; o ya puestos, hasta una pésima escritora, tal y como algunos haters gustan de trasladarme?

Profundamente aterrada, fui corriendo a preguntar por el tema al oráculo de nuestro tiempo, que es Google, y descubrí que a este tipo de palabras de significado amplio que suelen emplearse por desconocimiento de otras más adecuadas, son a menudo llamadas palabras baúl o comodín. A este grupo pertenecen también “trasto”, “objeto”, y verbos como “tener”, “hacer”, o “poner”.

A mí este enfoque que vi común a todas las definiciones, que sostenía que las palabras de este tipo indicaban pobreza léxica, no me terminó de convencer. Quiero decir, está claro que a menudo sí será el caso, pero ¿no será posible que si se las escriben con gracia, también sirvan como recurso narrativo?

Mis cosas

Pues la cuestión es que no encontré o no supe buscar información al respecto: ni ejemplos de usos ingeniosos, ni de autores célebres que las usen con intenciones específicas.

De modo que decidí hacer un poco de autocrítica analizando mis propios escritos con un analizador de textos, lo que me permitió confirmar lo que sospechaba, que es un aumento en el uso de “cosa” y “cosas” a lo largo del tiempo:

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En la gráfica se puede observar que últimamente le he cogido el gustillo a estas “cosas”. ¿Pero qué diría un análisis cualitativo?¿Usé palabras baúl todas esas veces porque ignoraba otras más adecuadas?

Usos

Al pararme a analizar cada ocurrencia observé que, según el caso, mi elección respondía a usos o intenciones diferentes: 

1. Para generalizar

Por ejemplo, en este fragmento de Robo en el Ojo de Halcón:

Llegados a este punto, dejé de escuchar al señor Edvard, que por su parte continuó lamentándose y gesticulando, y me puse a pensar en algunas cosas que consideraba de mayor importancia.

2. Como mecanismo de sustitución

Otro fragmento de la misma obra, donde uso esta palabra para evitar repetir lo dicho anteriormente:

Así que desde el primer momento esperé con buen ánimo que tal cosa llegara, porque aunque tengo de romántico lo mismo que de chino, sé por experiencia que a veces, en los lugares menos esperados, también nacen historias.

3. En fórmulas o expresiones hechas

Siempre que se usen con moderación, no me parece que estas expresiones supongan una amenaza para la diversidad léxica, ni que haya que obsesionarse por evitarlas. Si te sirve para expresar lo que tú quieres, ¿no está bien emplear algunas fórmulas simples que aligeren la prosa de tanto en tanto?

Aquí van algunos ejemplos extraídos de varias de mis historias: “las cosas a su manera”, “no hacemos otra cosa que”, “otra cosa es”, “el orden de las cosas”, “solo podía significar una cosa”, “dejar las cosas como estaban”, “pensar las cosas con calma”, “las cosas claras”, “en otro orden de cosas”.

4. Para enfatizar que algo no se conoce bien

Extraído de una de mis obras de próxima publicación, Las aventuras espacio-temporales de la pequeña Sallie Dustfield:

La habitación de Sallie era un templo para ella. Estaba atestada de todo tipo de cosas cuyo significado y función Frank no comprendía, entre las que predominaban las coloridas y las adherentes.

5. Con efecto humorístico o para sorprender

En mi opinión, este es el uso más interesante que se puede dar a las palabras baúl. Creo que si se emplean en el momento adecuado, pueden causar un efecto inesperado. Por ejemplo, si se introducen en una frase donde se estaba usando un lenguaje especialmente elaborado.

Otro fragmento de Robo en el Ojo de Halcón:

El señor Bertie Edvard era un caballero voluminoso y bigotudo de humilde procedencia eslovaca que a mi juicio se caracterizaba por dos rasgos principales: una testarudez sin límites y cierta tendencia a mantener los billetes bien doblados y guardados en la cartera. Por fortuna, estos rasgos estaban trazados en él con un corte entrañable, y se veía a la legua que tan solo era un buen hombre al que le costaba reconocer su cariño hacia las cosas.

6. Cuando no se me ocurría otra palabra, o no tenía ganas de buscarla

Por último, analizando mis propios escritos he encontrado también casos en los que usé estas palabras de manera gratuita, y que sí contribuyen a empobrecer el lenguaje. El efecto se produce sobre todo cuando estas palabras se repiten varias veces demasiado seguidas.

Otro ejemplo de Las aventuras…:

Por una parte estaba ansioso por gritar a los cuatro vientos que estaba ahí y dar un abrazo a su esposa, pero por otra, intuía que el orden de las cosas era una cosa delicada…

Aquí o bien no estaba inspirada, o no se me ocurrió una palabra mejor, o escribí a la ligera esperando mejorar la expresión en la fase de edición. En todo caso, estos ejemplos me dan una pista de que igual tengo que estar atenta para evitar que el uso de esta palabra acabe convirtiéndose en un tic.

Conclusión

En resumen, este último uso de las palabras baúl es el único que estoy segura de que es mejor esforzarse por evitar. En el resto de casos, no creo que la palabras baúl que uso empobrezcan la narración, sino más bien todo lo contrario.

En todo caso, esta es mi interpretación personal del tema a partir de mi propia experiencia. Me gustaría leer la de otras personas. ¿Qué opinas? ¿Me estoy pasando de lista, o realmente se pueden usar las palabras baúl con gracia?

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Diferencias entre misterio, suspense y thriller

 

diferencias-misterio-suspense-thriller-viñetaYa, ya, si escribo historias ya debería saberlo, y si no, a ver qué hago escribiendo en este blog, bla bla bla. La cuestión es que el otro día me desperté en mitad de la noche, y me dije: “Dios mío, no soy capaz de enumerar con precisión las diferencias entre misterio, suspense y thriller. ¿Qué será de mí?”

Por lo que sé, hubo un día en que los autores se preocupaban de verdad porque sus obras fueran fácilmente identificadas bajo las convenciones de un género u otro. Así fue, por ejemplo, en la Edad de Oro del Cine Clásico, cuando el cine se industrializó para corresponder la demanda mediante un sistema de fórmulas muy rígidas que permitía a los productores sacar películas como si de platos de patatas bravas se tratara.

Pero hoy en día, con la de autores y editores que hay, y la de fórmulas que inventamos para encandilar al lector, creo que esto de los géneros ya no es tan estanco ni predomina como antes. Al menos en literatura, oigo más a la gente hablar en términos de autores y argumentos.

De hecho, mientras investigaba para escribir este artículo, he visto que el misterio, el suspense y el thriller tienden a manejarse más como fórmulas que los autores conjugan a su antojo.

Testimonio de estas composiciones heterogéneas y de la falta de consenso a la hora de asignarles etiquetas son las estanterías de las librerías y de las secciones de las tiendas virtuales, donde cada uno cataloga las novedades a su bola.

Pero bueno, todo este rollo era para explicar que no creo que el mercado y los lectores actuales exijan al autor un conocimiento ni un tratamiento riguroso de estas tipologías, pero aún así me parece que está bien conocer el origen de las cosas, y analizar cómo se juega con las convenciones y expectativas.

Disclaimer: este post es el resultado de las investigaciones que hice para resolver mis propias dudas; un resumen de los puntos que considero clave a partir de los libros del género que he leído, y de las fuentes que aparecen citadas al final del post. Si buscabas un artículo académico, exhaustivo, o redactado por un especialista, deberías seguir buscando en otro sitio.

Diferencias entre misterio y suspense

Para mi sorpresa, he averiguado que según las teorías del cine, el suspense no ha sido clásicamente considerado como un género, sino como un recurso dramático que se utiliza en ciertos géneros, como el thriller.

Por lo tanto, se podría decir que el suspense está contenido dentro del thriller, aunque este cuenta con otras peculiaridades adicionales que veremos más adelante.

De este modo, tenemos que es entre misterio y suspense donde se ve un contraste más claro, sobre todo en relación a cada uno de sus elementos narrativos.

Para ilustrar estas diferencias con un ejemplo, he traducida esta explicación tan elocuente que se curró Alfred Hitchcock:

Imaginemos que hay una bomba bajo esta mesa. De repente, “¡Boom!”, hay una explosión. El público se sorprende, pero antes de esta sorpresa, ha visto una escena totalmente ordinaria, sin significado especial. Ahora, pensemos en una escena de suspense. La bomba está bajo la mesa y el público lo sabe, probablemente porque han visto al anarquista colocándola ahí. El público sabe que la bomba va a explotar a la una y hay un reloj en el decorado. El público puede ver que es la una menos cuarto. En estas condiciones, la misma conversación inocua se vuelve fascinante porque el público está participando en la escena. La audiencia anhela advertir a los personajes de la pantalla…

En líneas generales, una historia de misterio es una narración en la que el protagonista y el lector van descubriendo las pistas que llevan a la resolución de un rompecabezas, que suele conducir a descubrir la identidad de un criminal (normalmente un asesino).

En cambio, en una historia con suspense, el espectador tiene desde el principio más información que los personajes. Aquí el objetivo no es averiguar quién es el criminal, sino si será atrapado antes de que se salga con la suya; y como no existe un misterio predominante, el interés se mantiene mediante un ritmo más intenso, donde siempre pasan cosas y se anticipan eventos que estamos deseando que se resuelvan.

Por supuesto, a la hora de la verdad, tanto el misterio necesita suspense para mantener el interés, como el suspense necesita algún misterio para crear un ritmo equilibrado.

En este infográfico puedes ver más en detalle algunas diferencias que suelen darse (click para ampliar):

Diferencias entre misterio y suspense.

¿Y el thriller?

Como decíamos antes, las obras del género thriller suelen utilizar como hilo conductor el suspense, pero además, suelen hacer énfasis en algunos aspectos que las diferencian de las de otros géneros. 

Por ejemplo, el conductor principal de la historia es claramente la acción. Los personajes son sometidos a situaciones extremas con tal de mantener al lector o espectador pegado al asiento.

Mientras que en una historia clásica de misterio los investigadores suelen marcar su propio tempo, aquí se desarrolla una carrera a contrarreloj para evitar que el villano ejecute su plan maligno, o que el crimen alcance cotas mayores.

Por otra parte, el thriller hace énfasis en la fortaleza y valía del personaje protagonista, que está siempre a la altura de las circunstancias por muy extremas que estas lleguen a ser, lo que suele deberse a una preparación extraordinaria. Por otra parte, en la novela de misterio, o eso me parece a mí, del personaje se expone más su parte vulnerable; su pasado, sus traumas, sus intimidades.

También subrayaría como rasgo determinante de los thrillers la figura del villano, que suele ser todavía más malote si cabe, y se ensaña a base de bien con el investigador de turno, que tiene que seguir su rastro para detenerle y evitar que siga cometiendo crímenes aún peores.

Por último, otro aspecto a observar en los thrillers es lo que está en juego. Como indico en el infográfico de arriba, el crimen que desencadena la historia suele conllevar consecuencias a gran escala, solo si el héroe no llega a tiempo para detenerlo, claro está.

Aquí las temáticas pueden ser muy variadas, y constituyen varios subgéneros, como por ejemplo:

  • Thriller legal (John Grisham)
  • Thriller médico (Robin Cook)
  • Thriller psicológico (El silencio de los corderos, de Thomas Harris)
  • Thriller político (Juego de patriotas, de Tom Clancy)

Y básicamente, esas son las diferencias. Luego los géneros, subgéneros, fórmulas y etcétera, se entrelazan para dar lugar a variaciones que nos sorprenden y alteran las convenciones. Total, que si intentas definir y compartimentar según qué obras literarias, puedes acabar volviéndote loco, pero ver cómo se repiten algunos rasgos y explorar su significado puede ser bastante entretenido.

En fin, ¿qué te ha parecido la distinción que hago en este artículo? ¿Estás de acuerdo con ella? ¿La odias? ¿Cómo la mejorarías? ¿Tienes ejemplos de obras que juegan con las convenciones mencionadas?


Fuentes: Sara Barton Mysteries | Murder by 4 | Hunter’s WritingsNicole Basaraba’s Uni-Verse-City | cinéfagos