Animando en colores planos

Un experimento que hice hace poco, pensando en un posible juego donde el mundo está hecho de colores planos.

No soy fan de la temática bélica, pero necesitaba una acción que se distinguiera a simple vista sin necesidad de contornos en las figuras.

Quizás continúe haciendo pruebas en el mismo estilo gráfico con otras animaciones.

animacion

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Con una gota de tinta

Se supone que los materiales de arte son caros, pero en realidad puedes hacer muchas cosas con un par de gotas de tinta china y agua (y papel del malo):

Experimentos con tinta china. | Experiments with Chinese ink. #dailydoodle #doodle #owl #chineseink

Una foto publicada por Nadia (@nadiaorenesruiz) el

Me gusta la tinta china y su indiscutible negrura.


Vivimos en mundos paralelos

 

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Hoy, no sé por qué, he tenido la ligera sospecha de que queremos vivir en mundos paralelos.

Si vas por la calle, ves la tele, lees una página web de noticias o tu feed de Twitter, recibes constantemente mensajes como estos:

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Conviértete en otra persona que no eres. Camina hacia un lugar que no existe. Obsesiónate por lo que aún no tienes.

Creo que quizás por esa influencia de los medios, usamos mucho el tiempo presente para hablar de cosas que aún no han llegado, sin tener en cuenta que puede que nunca lo hagan. Nos empeñamos en vivir en esos mundos paralelos en lugar de prestar atención a lo que de verdad somos, a donde de verdad estamos, y a lo que de verdad tenemos.


Sentido de la orientación indiscutiblemente dañado

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La cosa es que todavía nadie allí parecía haberse dado cuenta de que mi sentido de la orientación está indiscutiblemente dañado. Cuando era pequeño mis padres se pasaban más tiempo buscándome que haciendo cualquier otra cosa, excepto perderme. Una vez que mi madre me dejó ir solo al baño para que me espabilara de una vez por todas, desaparecí y no se volvió a saber de mí hasta tres meses más tarde, cuando un matrimonio de campesinos de una localidad a treinta kilómetros de nuestra casa me descubrió durmiendo plácidamente en su granero. Lo que sucediera en el lapso de tiempo intermedio sigue siendo un misterio para mí. Luego, con los años, aprendí a convivir con este pequeño handicap, y hasta lo llegué a contrarrestar en buena medida con pequeños trucos y medidas rutinarias. También aprendí que saber por dónde se va a un lugar no siempre es requisito fundamental para llegar a él.

Por supuesto, nada de esto me iba a servir de mucho en un laberinto, donde alguien se esfuerza específicamente en diseñar una trampa para la orientación humana.


Doble Desaparición en el Laberinto, el nuevo caso de Kerry Foster, será públicado en primavera de 2016. 

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Referentes

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Me pregunto si a veces no tomamos los referentes equivocados.

Si quiero ser una escritora exitosa, como Stephen King, por ejemplo, puede que me sienta inclinada a dejarme guiar por sus consejos y experiencias:

“Cuando encuentras algo en lo que tienes talento, lo haces hasta que tus dedos sangran o tus ojos están apunto de caer de tu cabeza.” (Stephen King)

¿Estamos seguros de que esto es lo mejor que alguien puede hacer con su talento? ¿Solo porque Stephen King lo diga?

También pasa cuando veo una película o un juego increíble. Me siento inspirada de repente, y me propongo hacer cosas creativas, y espero llegar a hacer algo parecido algún día. Pero la verdad es que las personas que hicieron ese juego o esa película trabajan y viven bajo unas circunstancias determinadas, diferentes a las mías (por ejemplo, probablemente tengan más experiencia, un sueldo mayor, etc.).

¿No sería más apropiado tomar como referente a alguien más cercano a mí, cuyas circunstancias sean parecidas a las mías, y que quizás no ha vendido un millón de libros, pero aún así hace cosas geniales? Quizás los referentes de los que más cosas útiles puedo aprender están más cerca de mí de lo que pensaba. Por ejemplo en el trabajo. O en mi familia.

Y todo sin necesidad de que me sangren los dedos.


Déficit de atención por exceso de información

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Más de una vez me he dejado llevar por la necesidad de abarcar todo lo que es interesante y digno de ser abarcado.

En las redes sociales, en la biblioteca, en los quioscos, en las calles. Demasiados libros. Demasiadas películas. Demasiados juegos. Demasiados lugares. Todo demasiado fácil de obtener como para que yo, que también quiero escribir cosas que merezcan la pena, me resista a acumularlos. Como si así pudiera impregnarme del talento de sus creadores. 

Personalmente, me encuentro cayendo en la trampa una y otra vez. Pero recopilar listas de fuentes de información o referencias no equivale a asimilar la enseñanza que contienen.

También creo que a veces me dejo engañar por la ilusión de que la exhaustividad es posible, lo que me termina llevando a un estado de frustración.

Al final, me encuentro con que he perdido demasiado tiempo en organizar las referencias y los canales, y con que tengo demasiadas fuentes de información y demasiado poco tiempo para consultarlas. Para cuando consigo bajarme del limbo de la indecisión ya es demasiado tarde, y me encuentro con que he aprendido pocas o ninguna cosas nuevas y útiles, que era el objetivo de todo este lío en primer lugar.

En resumen: las ingentes cantidades de contenido de calidad accesibles sin apenas esfuerzo por mi parte me llevan a un estado de déficit de atención. Oh. ¡Sorpresa! Igual que a básicamente toda mi generación.

El secreto está en dejar ir

Igual que estoy segura de que esto le pasa a otras personas, no sé si es algo que nos está llevando a la decadencia cultural y social, si hay que luchar contra ello, o si habría que aceptar el cambio y asimilar los términos bajo los que se mueve el mundo hoy en día.

En todo caso, últimamente me gusta hacer un ejercicio que suelo aplicar con resultados bastante buenos. Consiste en aceptar que los recursos son ilimitados, y nuestra atención y nuestro tiempo, muy pero que muy limitados. Y es una limitación tan evidente, que cuando me la recuerdo, me siento un pelín estúpida. Quiero decir, por mucho que lo quiera, no soy un ordenador que con solo escanear un documento ya lo tengo almacenado en mi base de datos listo para su uso.

En fin. Para dar un poco de tregua a mi prosa divagadora, voy a un acudir a un topicazo que de hecho me parece bastante pertinente: más vale calidad que cantidad.

El secreto está en dejar ir. Dejar ir las cosas malas, pero también algunas buenas. Me quedaré con lo que mi intuición me indica que merecen mi tiempo. No me importa si no es lo mejor. El esfuerzo que antes dedicaba a recopilar y luego a escanear todas las fuentes o contenidos hasta agotar los feeds (a veces, como en twitter, es imposible agotar los feeds) sin retener nada, ahora lo dedicaré a asimilar una sola cosa.

Y si has leído hasta aquí, te mereces otro topicazo: menos es más. Y una metáfora. Puedes pasarte la vida buscando y comprando el mejor equipamiento para tu coche, pero si no lo pones en marcha, nunca llegarás a ningún sitio con él.


La diferencia entre saber y no saber

conocimiento Hasta hace un par de años o así no había dibujado mucho. Siempre me había gustado el arte, el diseño, etcétera, etcétera, pero nunca se me había ocurrido ponerlo en práctica yo misma.

No creo que hubiera ninguna razón específica. Es solo que para comprarte una Wacom y usar herramientas como un profesional, o para publicar tu obra online como un profesional, hace falta ser… un profesional. ¿No?

Un buen día se me ocurrió que mis artículos del blog y mis ebook podrían ganar mucho si los acompañaba de material gráfico atractivo. Así que se me ocurrió intentar hacerlo yo misma. Nadie me otorgó el rol de dibujante o de diseñadora. No participé en ningún rito de iniciación. Simplemente, lo hice. O no tan simplemente.

Porque para ello tuve que cruzar una línea que a veces es difícil de cruzar. Y no digo que sea difícil cruzarla tanto porque aprender a dibujar sea difícil como porque a veces ni siquiera te das cuenta de que puedes hacerlo. De que no es necesario que los demás te den permiso ni que tus amigos, las redes sociales, otros dibujantes, o quien sea, decida que tienes legitimidad para ello.

La realidad es que puedes comprarte una Wacom, salir a la calle a dibujar, ver tutoriales de Youtube, y publicar tu trabajo cuando quieras. Así es como yo llegué de esto:

A esto:

La diferencia entre saber y no saber es la adquisición de un conocimiento, no que los demás te digan que lo has hecho. Si tu mismo te niegas a cruzar esa línea por miedo a las etiquetas, los prejuicios, o las críticas, nunca Sabrás.