Referentes

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Me pregunto si a veces no tomamos los referentes equivocados.

Si quiero ser una escritora exitosa, como Stephen King, por ejemplo, puede que me sienta inclinada a dejarme guiar por sus consejos y experiencias:

“Cuando encuentras algo en lo que tienes talento, lo haces hasta que tus dedos sangran o tus ojos están apunto de caer de tu cabeza.” (Stephen King)

¿Estamos seguros de que esto es lo mejor que alguien puede hacer con su talento? ¿Solo porque Stephen King lo diga?

También pasa cuando veo una película o un juego increíble. Me siento inspirada de repente, y me propongo hacer cosas creativas, y espero llegar a hacer algo parecido algún día. Pero la verdad es que las personas que hicieron ese juego o esa película trabajan y viven bajo unas circunstancias determinadas, diferentes a las mías (por ejemplo, probablemente tengan más experiencia, un sueldo mayor, etc.).

¿No sería más apropiado tomar como referente a alguien más cercano a mí, cuyas circunstancias sean parecidas a las mías, y que quizás no ha vendido un millón de libros, pero aún así hace cosas geniales? Quizás los referentes de los que más cosas útiles puedo aprender están más cerca de mí de lo que pensaba. Por ejemplo en el trabajo. O en mi familia.

Y todo sin necesidad de que me sangren los dedos.


Déficit de atención por exceso de información

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Más de una vez me he dejado llevar por la necesidad de abarcar todo lo que es interesante y digno de ser abarcado.

En las redes sociales, en la biblioteca, en los quioscos, en las calles. Demasiados libros. Demasiadas películas. Demasiados juegos. Demasiados lugares. Todo demasiado fácil de obtener como para que yo, que también quiero escribir cosas que merezcan la pena, me resista a acumularlos. Como si así pudiera impregnarme del talento de sus creadores. 

Personalmente, me encuentro cayendo en la trampa una y otra vez. Pero recopilar listas de fuentes de información o referencias no equivale a asimilar la enseñanza que contienen.

También creo que a veces me dejo engañar por la ilusión de que la exhaustividad es posible, lo que me termina llevando a un estado de frustración.

Al final, me encuentro con que he perdido demasiado tiempo en organizar las referencias y los canales, y con que tengo demasiadas fuentes de información y demasiado poco tiempo para consultarlas. Para cuando consigo bajarme del limbo de la indecisión ya es demasiado tarde, y me encuentro con que he aprendido pocas o ninguna cosas nuevas y útiles, que era el objetivo de todo este lío en primer lugar.

En resumen: las ingentes cantidades de contenido de calidad accesibles sin apenas esfuerzo por mi parte me llevan a un estado de déficit de atención. Oh. ¡Sorpresa! Igual que a básicamente toda mi generación.

El secreto está en dejar ir

Igual que estoy segura de que esto le pasa a otras personas, no sé si es algo que nos está llevando a la decadencia cultural y social, si hay que luchar contra ello, o si habría que aceptar el cambio y asimilar los términos bajo los que se mueve el mundo hoy en día.

En todo caso, últimamente me gusta hacer un ejercicio que suelo aplicar con resultados bastante buenos. Consiste en aceptar que los recursos son ilimitados, y nuestra atención y nuestro tiempo, muy pero que muy limitados. Y es una limitación tan evidente, que cuando me la recuerdo, me siento un pelín estúpida. Quiero decir, por mucho que lo quiera, no soy un ordenador que con solo escanear un documento ya lo tengo almacenado en mi base de datos listo para su uso.

En fin. Para dar un poco de tregua a mi prosa divagadora, voy a un acudir a un topicazo que de hecho me parece bastante pertinente: más vale calidad que cantidad.

El secreto está en dejar ir. Dejar ir las cosas malas, pero también algunas buenas. Me quedaré con lo que mi intuición me indica que merecen mi tiempo. No me importa si no es lo mejor. El esfuerzo que antes dedicaba a recopilar y luego a escanear todas las fuentes o contenidos hasta agotar los feeds (a veces, como en twitter, es imposible agotar los feeds) sin retener nada, ahora lo dedicaré a asimilar una sola cosa.

Y si has leído hasta aquí, te mereces otro topicazo: menos es más. Y una metáfora. Puedes pasarte la vida buscando y comprando el mejor equipamiento para tu coche, pero si no lo pones en marcha, nunca llegarás a ningún sitio con él.


La diferencia entre saber y no saber

conocimiento Hasta hace un par de años o así no había dibujado mucho. Siempre me había gustado el arte, el diseño, etcétera, etcétera, pero nunca se me había ocurrido ponerlo en práctica yo misma.

No creo que hubiera ninguna razón específica. Es solo que para comprarte una Wacom y usar herramientas como un profesional, o para publicar tu obra online como un profesional, hace falta ser… un profesional. ¿No?

Un buen día se me ocurrió que mis artículos del blog y mis ebook podrían ganar mucho si los acompañaba de material gráfico atractivo. Así que se me ocurrió intentar hacerlo yo misma. Nadie me otorgó el rol de dibujante o de diseñadora. No participé en ningún rito de iniciación. Simplemente, lo hice. O no tan simplemente.

Porque para ello tuve que cruzar una línea que a veces es difícil de cruzar. Y no digo que sea difícil cruzarla tanto porque aprender a dibujar sea difícil como porque a veces ni siquiera te das cuenta de que puedes hacerlo. De que no es necesario que los demás te den permiso ni que tus amigos, las redes sociales, otros dibujantes, o quien sea, decida que tienes legitimidad para ello.

La realidad es que puedes comprarte una Wacom, salir a la calle a dibujar, ver tutoriales de Youtube, y publicar tu trabajo cuando quieras. Así es como yo llegué de esto:

A esto:

La diferencia entre saber y no saber es la adquisición de un conocimiento, no que los demás te digan que lo has hecho. Si tu mismo te niegas a cruzar esa línea por miedo a las etiquetas, los prejuicios, o las críticas, nunca Sabrás.


El blog cumple dos años

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Durante 2015 he avanzado en el desarrollo de varias obras de ficción en varios formatos sobre los que puedes saber más en este artículo. Espero poder publicar la mayoría durante este 2016 que entra.

También he dedicado mucho tiempo al blog, donde he publicado algún relato corto:

Y por supuesto, muchos otros artículos de varias temáticas, como esta guía sobre el naming en ficción, esta otra sobre cómo aplicar texturas con Photoshop, o esta intervención en el programa Triunfa con tu libro, donde hablo sobre GoodReads.

También he dibujado más que nunca, he aprendido algo de Javascript, y le he dado un pequeño empujón a la versión en inglés del blog con la traducción de algunos posts.

Mirando hacia el futuro

Hasta hace poco me he estado dedicando a la creación de obras de ficción y a la autopublicación a media jornada. En noviembre, sin embargo, empecé a trabajar a jornada completa en game design, un ámbito ligado al storytelling y muy interesante desde un punto de vista creativo.

Esto quiere decir que a partir de ahora tendré menos tiempo para escribir en el blog, lo que me ha llevado a adaptar un poco mi estrategia, y escribir artículos más cortos y con un pelín menos de frecuencia.

También será menos tiempo para escribir ficción, lo que tampoco me preocupa demasiado, porque ahora mi prioridad es pulir mis borradores, acabar algunas ilustraciones, e ir publicándolo todo poco a poco. Al ser tareas tan variadas, no requiero tanto extensas sesiones de escritura y máxima concentración como una buena planificación y persistencia en el tiempo, lo que me resulta mucho más fácil de compaginar con un trabajo a jornada completa.

Para mí, esta nueva etapa que comienza coincidiendo con el nuevo año se me presenta como una oportunidad para tomar impulso y continuar con mis proyectos con más fuerza y seguridad.

Si estás leyendo esto, tú también me estás ayudando a tomar impulso, así que… ¡Muchas gracias! Ojalá sigas conmigo en 2016, porque tengo planeadas cosas muy chulas que espero que disfrutes tanto leyendo y viendo, como yo lo hice escribiendo y dibujando.

¡Y nada más! Espero que leer sobre mis planes te haya dado ideas para tus propios proyectos, o al menos, que te sirva para sentirte acompañado en tu viaje, sea cual sea.


Los únicos sinónimos totales

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Tanto quien escribe emails como obras de ficción, parece que todos tenemos más o menos asumido que la repetición de palabras en el texto suele producir un efecto poco armónico.

Me doy cuenta de que la escritura es una búsqueda continua de sinónimos. Cuando escribo, abro una especie de cajón en mi memoria donde retengo las palabras un tiempo, para así tenerlas a la vista mientras aplico una serie de normas que ajustan mi escritura a lo que es tolerable para el lector. Por ejemplo, no repetir con demasiada frecuencia (o sí, según la intención) las palabras menos comunes, separar las referencias similares en el texto, o elegir sinónimos más o menos próximos.

Sinónimos parciales y sinónimos totales

En este sentido, he estado leyendo sobre tipos de sinónimos en base al grado de equivalencia, y me ha llamado la atención la distinción entre sinónimos totales y parciales.

1. Sinónimos parciales son los que son equivalentes solo en un contexto determinado. 

Por ejemplo, fiel sería sinónimo parcial de leal, porque en ciertos contextos, se pueden usar con el mismo significado:

  • El hombre fue fiel a su amigo hasta el final.

Pero en otros puede que no sea así:

  • El documental es un reflejo fiel de lo que ocurrió.

2. Por otra parte, sinónimos totales son palabras que quieren decir lo mismo en todos los contextos. 

Por ejemplo, según esta web, serían sinónimos totales:

  • Obediencia y acatamiento
  • Anciano y longevo
  • Pena y tristeza

¿Quién define los significados?

Hace unos años, un profesor de la universidad nos explicó algo que no sé por qué, pero se me presentó como una revelación, y que es que los únicos sinónimos totales de la lengua española son aún y todavía.

La máxima es incompatible con las clasificaciones antes mencionadas, y con todo lo que he leído en internet, pero me siento tentada a hacer una interpretación libre de la misma, y a relacionarla con la subjetividad.

Porque la verdad es que para mí, pena y tristeza no son lo mismo. De hecho, quizás lo fueron durante cinco segundos, pero cuanto más pienso en esas palabras (o en cualquier par de sinónimos), más diferencias encuentro. Del mismo modo, intuyo que cualquier otra persona también encontraría diferencias, aunque seguramente no iguales que las mías.

En resumen, ¿podemos escribir tranquilamente dando por sentado que algunas palabras son perfectamente intercambiables según los dictados de la RAE? Cuando lanzamos un texto que será disfrutado e interpretado por un lector, ¿no deberíamos tener en cuenta que el significado que él dará a esas palabras será uno propio que puede que coincida o no con lo que marcan los estándares?

Sí, la conclusión del artículo está formulada por preguntas. Al final, no soy sociolingüista ni filóloga, pero hago mi propio uso de la lengua y me gusta reflexionar sobre ello. Sobre todo cuando el cajón de palabras está abierto en mi memoria y tengo que decidir cómo le hablo al lector.


Fuentes: iejemplos


Quizás sea la estructura

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Estos días he estado leyendo Save the Cat, un manual sobre escritura de guiones de cine que expone con bastante elocuencia los problemas a los que se enfrentan los escritores de guiones profesionales, y las técnicas que emplean para afrontarlos.

Aunque el libro está enfocado al cine, casi todo se puede aplicar a la creación de historias en cualquier otro medio. En este sentido, una de las ideas que me han parecido más útiles es la de que por muy buena que sea tu premisa, si no la despliegas en una estructura adecuada, el resultado será una historia desequilibrada e incapaz de conectar con el público.

El propio autor reconoce en el libro que durante mucho tiempo se guió más bien por intuición, hasta que se paró a analizar la estructura de los guiones de cine, y se sorprendió al descubrir que las historias mejor balanceadas se podían fragmentar en estructuradas con partes sorprendentemente similares.

Partes de la estructura de un guión según Blake Snyder:

  1. Opening Image
  2. Theme Stated
  3. Set-up
  4. Catalyst
  5. Debate
  6. Break into Two 
  7. B Story 
  8. Fun and Games
  9. Midpoint
  10. Bad Guys Close In 
  11. All is Lost
  12. Dark Night of the Soul
  13. Break into Three
  14. Finale
  15. Final Image

Si intentas aplicar esta estructura a cualquier película de Hollywood, te das cuenta de que la mayoría se pueden adscribir con bastante exactitud a este modelo. En otros medios como literatura o videojuegos, quizás el guión varíe, pero en todo caso, creo que un modelo como este nos puede servir como punto de partida para reflexionar sobre hasta qué punto una posible carencia en nuestra historia podría deberse a la falta de una estructura nítida, equilibrada y atractiva.


La extensión sí importa

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Para bien o para mal, tiendo a extenderme cuando escribo. Si trabajo con espacio limitado, que suele ser a menudo, tengo que esforzarme el doble para no extralimitarme.

Por supuesto, cuando escribo mis historias o los posts de este blog, nadie me impone ningún límite, así que suelo explayarme con artículos de una media de dos mil o tres mil palabras. El único límite que puedo llegar a imponerme es, quizás, el de no torturar más de la cuenta al lector. Quiero decir, creo que ya te torturo bastante tal y como escribo ahora, pero te aseguro que podría hacerlo más todavía.

De hecho, la verdad es que aquí suelo usar un registro más bien conciso y carente de artificios, porque entiendo que el medio (un blog de WordPress) está asociado a cierto ámbito de uso en el que el lector da ciertas cosas por sentadas, como por ejemplo, que encontrará artículos interesantes pero de una longitud relativamente corta.

Si te sigue pareciendo que me enrollo demasiado, tienes que dar una leída a alguna de mis historias de la serie de Las Aventuras de Kerry Foster, que es lo más cercano a la incontinencia literaria a lo que he llegado nunca. Si es que existe tal cosa. Y ahora, si me permites, voy a introducir un título de sección, porque si no me parece que me voy por las ramas.

¿Extenso es bueno o malo?

La cuestión es que a lo largo del tiempo he recibido algún comentario sobre lo extensos que eran mis artículos en comparación con los de otros medios, aunque nunca suelen indicar si lo ven como algo bueno o malo.

Yo supongo que esto será como todo. Si el texto es extenso pero lo que dices no vale la pena,  pues seguramente hubiera sido mejor que lo hubieras escrito con menos palabras, o incluso que no lo hubieras escrito en absoluto. Luego, si existe un contenido, o si lo que dices, lo dices con gracia, yo creo que tienes legitimidad para ser generoso con las palabras.

Sé que hay gente que cree en la concisión como en un credo. Habiendo estudiado Publicidad y Periodismo, siempre me han enseñado a procurar la economía del lenguaje y a comunicar con recursos limitados. En algunos contextos, como cuando escribo un email en el trabajo, soy la primera que me aplico estas normas, pero a mí, por naturaleza, me gustan los equívocos, los circunloquios y las repeticiones; eso sí, siempre que haya cierta música en ellos.

También, quizás, haya algo de miedo subyacente en mi estilo de escritura. A veces tengo miedo de que no se entienda lo que digo, o peor aún, de que se entienda mal, y por eso tiendo a explicar demasiado las cosas. Pero bueno, con lo dispersa que tenemos la atención últimamente, he comprobado que es un recurso bastante eficaz. Si la persona no se duerme, acabará entendiendo lo que quiero decir casi del mismo modo en que yo lo pienso.

Estudio de un caso

Siempre he dado por supuesto que un artículo más corto y con mayor variedad en el formato y la maquetación siempre sería más atractivo para el público, aunque nunca he dejado que estas asunciones modificaran mi manera de expresarme aquí.

El otro día se me ocurrió que como mi blog ya tiene bastante contenido, podría comprobar con mis propias métricas hasta qué punto existiría una relación entre la longitud de un artículo y otros indicadores de uso

Para obtener estas gráficas he analizado noventa y un artículos publicados en los dos últimos años:

1. Relación entre extensión y duración media de la sesión

longitud-duracion(Duración media de la sesión es el tiempo que el visitante ha pasado en la página del artículo.)

A la luz de este gráfico creo que se puede afirmar que, efectivamente, cuanto más extenso es un artículo, más tiempo pasa el lector en la página. Sin embargo, el tiempo dedicado crece a un ritmo mucho menor que el número de palabras hasta que los artículos alcanzan las 1700 palabras aproximadamente. Cuando los artículos comienzan a ser de verdad largos, todas las duraciones de sesión medias se alargan en gran medida.

Una de las interpretaciones de estos datos podría ser que cuando una persona llega a un artículo, hace una lectura rápida independientemente de su extensión, excepto cuando percibe que se trata de un artículo de verdad largo, en cuyo caso decide leerlo con mayor detenimiento.  

2. Relación entre extensión y Bounce Rate

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(Bounce Rate es el porcentaje de gente que aterriza en la página y se va sin hacer nada más.)

En este gráfico vemos que en los artículos más cortos existe una mayor variedad de porcentajes de Bounce Rate. Sin embargo, cuando los artículos pasan de las 1000 palabras, el Bounce Rate se mantiene por encima del 75%.

Esto no hace otra cosa que confirmar lo que ya sospechaba: los artículos muy largos “asustan” a la mayoría de los lectores.

3. Relación entre extensión y Exit Rate

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(Exit Rate es el porcentaje de gente que ya estaba navegando en el blog antes de visitar la página del artículo, y que cuando llegó a ese artículo, abandonó la sesión.)

Aquí la tendencia es igual que en el caso anterior, es decir, cuando alguien visita un artículo corto, es tan probable que abandone la sesión como que continúe visitando otras páginas. Sin embargo, cuando los artículos superan las 1300 palabras, cada vez es más probable que terminen abandonando.

La diferencia con la métrica anterior es que el Bounce Rate suele ser mucho más alto que el Exit Rate. En esto yo interpreto que cuantas más páginas visita una persona, es más probable que visite todavía más páginas. Sin embargo, si una persona acaba de llegar a la web (que es el comportamiento que mide el Bounce Rate) y no ha llegado a sentirse interesada en los contenidos, es más probable que abandone.

Conclusión

Este estudio ha sido realizado con datos obtenidos tan solo en mi blog, así que no sé hasta qué punto los resultados serían similares en otros medios, pero sí creo que representan cierta tendencia lógica que coincide más o menos con lo que dicta el sentido común.

Primero, que solemos aplicar los mismos mecanismos de lectura a todos los textos del mismo medio, sean de la extensión que sean, y que ya de entrada estamos dispuestos a dedicarles un tiempo determinado. Y por otra parte, que los artículos muy extensos hacen que mucha gente abandone la sesión, seguramente porque la cantidad de información les abruma.

Sin embargo, este no deja de ser un análisis cuantitativo. Podría ser que hubiera menos lectores que se quedaran a leer los artículos largos, pero que fueran esas las personas a las que pudiera transmitir mis ideas con mayor claridad, y con las que logre establecer un vínculo más fuerte.

Al está en nuestras manos como creadores de contenido decidir qué asunciones hacer con respecto a lo que espera el lector, y en qué nivel, de todos los posibles, sintonizar con él.


Género por defecto

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Piensa en el género de los últimos personajes que hayas creado. Si no creas personajes, ve a tu estantería y piensa en el género de los personajes protagonistas de las últimas novelas que has leído.

¿Por qué los personajes hombres son hombres, y por qué las mujeres son mujeres? ¿Está la elección justificada en la narración? Quiero decir, ¿hubiera sido imposible imaginar el mismo libro con un personaje del sexo opuesto, o lo que es lo mismo, se podrían intercambiar los géneros de los personajes sin que el resultado final se viera afectado?

Cuando me paro a pensar en algún caso concreto, la mayoría encajan con este último supuesto. Pero entonces, ¿qué nos hace a los autores elegir uno u otro? Si no hay una exigencia específica argumental, ¿no debería de haber la misma proporción de personajes hombres que mujeres? Porque más o menos eso es lo que ocurre en la realidad, y al escribir ficción siempre tratamos de hacer que las cosas parezcan verosímiles.

Vamos a analizar un poco qué géneros son los que están más presentes entre los protagonistas de obras de obras de ficción de éxito.

Este es el ranking de las películas que más recaudaron el pasado fin de semana en USA según Box Office Mojo*:

  1. Spectre > > protagonista masculino
  2. The Peanuts Movie  > > protagonista masculino
  3. The Martian  > > protagonista masculino
  4. Goosebumps > > protagonista masculino
  5. Bridge of Spies  > > protagonista masculino
  6. Hotel Transylvania 2 > > protagonista masculino
  7. Burnt  > > protagonista masculino
  8. The Last Witch Hunter > > protagonista masculino
  9. The Intern > > protagonismo compartido entre un hombre y una mujer
  10. Paranormal Activity: The Ghost Dimension > > protagonismo compartido entre un hombre y una mujer

Proporción: 80% protagonistas masculinos, 20% mezcla

Ahora vamos a la literatura. Estos son los libros de bolsillo más vendidos en Fnac.es*:

  1. Y las montañas hablaron >> protagonismo compartido entre hombres y mujeres
  2. La playa de los ahogados > > protagonista masculino
  3. Saga Silvia 2: Encontrando a Silvia > > protagonista femenino
  4. Paisaje de otoño > > protagonista masculino
  5. Adiós, Hemingway > > protagonista masculino
  6. Dispara, yo ya estoy muerto >> protagonismo compartido entre hombres y mujeres
  7. Máscaras > > protagonista masculino
  8. Los renglones torcidos de Dios > > protagonista femenino
  9. Adulterio > > protagonista femenino
  10. Canción de Hielo y Fuego 2. Choque de reyes >> protagonismo compartido entre hombres y mujeres

Proporción: 40% protagonistas masculinos, 30% protagonistas femeninos, 30% mezcla

Por lo visto, las figuras masculinas tienen mucho más protagonismo en cine que en literatura, pero en cualquier caso, yo diría que en general, en ficción, el reparto de roles está más bien desproporcionado.

Las causas de la desproporción

Creo que una de las causas es que los autores, de manera más o menos consciente, reproducimos las fórmulas que han demostrado tener éxito en otros casos sin cuestionarlasPorque en el fondo, si quiero que la gente lea mis historias, trataré de seguir las líneas que percibo como exitosas.

Luego hay un tema que me intriga, que es el de la empatía. Es decir, en principio, un hombre se familiarizará más con las vivencias de un hombre, y una mujer, con las de una mujer. Si damos por sentado que el mismo número de hombres y mujeres van al cine, ¿no sería más seguro para los guionistas y productores equilibrar un poco el reparto de géneros, con tal de que los planteamientos atraigan a la mayor audiencia posible?   

A no ser… que a las mujeres también nos atraigan los papeles masculinos, porque sabemos que en la vida hay más figuras públicas exitosas masculinas que femeninas, y es de eso de lo que queremos participar al ver o leer ficción.

Pero en este caso… ¿no se estaría dando una especie de círculo vicioso? Quiero decir, si los modelos de éxito en la ficción son casi siempre masculinos, ¿no se estará verificando de algún modo ese fenómeno en la vida real?

Cosas a las que renuncias sin saberlo

Hace poco tiempo me di cuenta de que durante casi toda mi vida había estado eligiendo el género de muchos de mis personajes, sobre todo de los protagonistas, por inercia. Mis personajes nacían hombres por defecto. 

Supongo que porque en el fondo, de entrada siempre me parecía más interesante un personaje masculino, y también, porque percibía que cualquier persona aleatoria probablemente prefería ponerse tras el punto de vista de un hombre.

Estas asunciones, por supuesto, parten de valores poco deseables, pero la cuestión es que las acaté sin cuestionarlas ya desde que era niña, cuando todavía no sabía nada sobre sociedades, ni mora, ni ética. Luego, con el tiempo, al pararme a analizar otras obras de ficción, he ido viendo que no soy la única; que el fenómeno es norma general en muchos ámbitos (aunque quizas cada vez menos). En resumen, que no he hecho otra cosa que reproducir lo que veía en otras partes, pero no por ignorar la posible dimensión social del tema, he dejado de fomentar estos estereotipos.

Desde hace un año o así, cada vez que creo un personaje, me paro a pensar en si debería ser hombre o mujer. Concretamente, me pregunto cómo de diferente sería la historia si la protagonizara un personaje del otro género, o si en realidad no cambiaría casi nada.

Gracias a esto me he dado cuenta de que estaba renunciando a cosas interesantes. No estoy diciendo que haya sido una revelación que me ha abierto un sinfín de nuevas posibilidades creativas. Tampoco creo que tenga que asumir la obligación de aplicar políticas de igualdad a mi ficción. Solo que una vez que me paré a pensar en estas cosas, ya no fue posible para mí volver a ignorar el tema. 

En fin, el resultado es que desde entonces he planificado dos historias protagonizadas por mujeres (una ya la conocéis), aunque igual me ha dado por ahí porque es la novedad y al final la proporción se equilibra, o incluso vuelve a sus orígenes.

En fin, esto es lo que pienso. No sé si tú te habías parado a pensar en el tema. Si tienes alguna idea, te invito a comentar en los resultados. ¡Hasta la semana que viene!


*Me disculpo por cualquier posible error que pudiera haber cometido al designar a los protagonistas de estas obras de ficción. No he visto ninguna de estas películas ni he leído ninguna de estas novelas, así que me he guiado por las sinopsis y los materiales promocionales.


Qué es el Digital Sharecropping y por qué deberías evitarlo

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El sharecropping (aparcería en español), hace referencia al sistema de explotación de cultivos mediante el que agricultores independientes trabajan la tierra del latifundista a cambio de un pequeño porcentaje sobre las ganancias. Normalmente el propietario también cede al trabajador el derecho a habitar la vivienda.

Un sistema genial para que gente sin recursos se gane la vida. Solo que si al propietario se le cruzan los cables, te puede echar sin más, y entonces estás j****o.

Nicholas Carr aplicó el término a un fenómeno que se produce hoy en día en el mundo digital, y que podríamos definir más o menos así: 

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Cómo te puede perjudicar el digital sharecropping

Vamos a ilustrar el concepto con ejemplos:

  1. Google cambia su algoritmo, la Web se echa a temblar, y todo porque las búsquedas orgánicas son la mayor fuente de tráfico para la mayoría de páginas web. Google es el gran latifundista de la era moderna.
  2. Facebook se levanta un día y decide que ha llegado la hora de monetizar. Seguidores ya no equivale a visibilidad. Hasta ahora estabas encantado, porque usabas una plataforma para difundir tus contenidos de manera gratuita. Pues a partir de ahora, si quieres asegurarte de que la gente verá tus publicaciones, tendrás que pagar por anuncios.
  3. Facebook, Twitter, o cualquier plataforma clave para tu negocio o actividad online, considera que estás incumpliendo sus términos y condiciones, y te suspende la cuenta. Lo peor es que igual tienen razón. Porque… ¿quién se lee los términos y condiciones?
  4. La plataforma se pasa de moda. Myspace.
  5. La plataforma desaparece. Google +, algún día.

No es tan probable que una gran red social o plataforma de publicación o difusión de contenidos desaparezca de la noche a la mañana, pero en un mercado tan competitivo, las empresas aplican de manera constante cambios estratégicos que pueden afectarte como usuario.

¿Cómo saber si eres un Digital Sharecropper?

El primer requisito para darte cuenta es pararte a pensar en ello.

Cuando una plataforma funciona bien, es normal que demos las cosas por sentado, que pensemos que siempre va a estar ahí para nosotros y que todo va a ir bien. 

Ahora que sabes que existen riesgos, deberías pararte a pensar en cuáles son los canales (incluso personas) que permiten que las actividades a las que dedicas tu tiempo funcionen y tengan exposición.  

Por ejemplo, en mi caso me dedico a escribir historias de ficción y artículos sobre temas variados, y mi objetivo es que la gente lea esos contenidos. La manera en que procuro esto es publicándolos en mi web personal y trabajándome varias fuentes de tráfico que traen lectores.

Para averiguar el peso de cada una de esas fuentes externas en la consecución de mis objetivos, puedo analizar el informe de fuentes de tráfico de Google Analytics:

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A la vista de estos datos, si alguna vez desaparece Google (poco probable), o si decide dejar de indexar ciertos artículos de mi web (más probable), perderé un 76.2% de oportunidades de que un visitante lea mi contenido.

En resumen, si la mayor parte de tu trafico o de tus ventas (o de cualquier otro KPI que consideres fundamental para transmitir o dar a conocer tu actividad) viene de uno solo o de unos pocos medios, eres un digital sharecropper.

Cómo evitar el Digital Sharecropping

Principalmente: 

  1. Si usas plataformas o canales que no controlas directamente, no dejando que el éxito de tu estrategia digital dependa de solo de ellos.
  2. Creando o difundiendo tu contenido mediante métodos sobre los que sí tienes control directo. Por ejemplo, creando una buena lista de mailing, publicando tu contenido en una web personal, y alojándola en un hosting propio.
  3. En la medida de lo posible, usando las redes sociales u otras plataformas externas para difundir tu contenido, no para contenerlo.

Ahora quizás estés pensando que claro, nunca va a haber ninguna herramienta de publicación o difusión de contenidos que esté totalmente bajo nuestro control, y entonces yo te diré, pues sí, ahí me has pillao. 

Pero bueno, yo creo que el riesgo puede ser mayor o menor, y que lo importante es que seas consciente de que existe, y que luego tomes las medidas que consideres adecuadas.

Una relación desigual entre plataformas y usuarios 

balanza-google-usuariosFacebook, Twitter, WordPress, Pinterest, Instagram, Reddit, Menéame, Youtube y todas las redes sociales, plataformas de publicación de hoy en día basan su éxito en el contenido generador por la gente

Así que fíjate, hasta podría decirse que todos esos sitios son nuestros sharecroppers. Sin los updates que publicamos en Facebook, las fotos que subimos a Instagram, o los vídeos que colgamos en Youtube, no habría usuarios, así que no habría anuncios, y tampoco habría dinero para estas empresas.

Un intercambio justo, dirás. Ellos te ofrecen un lugar para poner tus cosas y darte visibilidad, y a cambio, tú engrosas las listas de usuarios. Nada grave.

Lo que pasa es que la capacidad de una de las partes para imponer su voluntad sobre la otra es mucho mayor en un sentido que en otro.

Si tú renuncias al acuerdo y abandonas la plataforma, para ellos no supondrá ningún perjuicio, porque todavía habrá millones de usuarios más sustentando su sistema. Sin embargo, si ellos deciden hacer un cambio, aunque este te perjudique, solo tienes dos opciones: asumir las nuevas normas, o no usar el servicio.

En resumen 

Creo que hoy en día, y siempre que sea posible, es mejor invertir los recursos en sistemas que uno mismo controla. Por eso, antes de hacer que tu contenido dependa de una nueva plataforma conviene que te plantees hasta qué punto la otra parte determina el éxito o alcance de tu actividad haciéndote preguntas como:

  • ¿Qué derechos tengo sobre el contenido con el que estoy contribuyendo?
  • ¿Puedo descargar o realizar copias de seguridad de mis contenidos de manera fácil?
  • ¿Qué “plan B” podría ejecutar si en el futuro mis fuentes de tráfico dejan de traerme tráfico?

Algunas notas sobre El Miedo y mis recomendaciones para Halloween

gato-y-luna-halloween¿A quién no le gusta pasar miedo de vez en cuando? Pues a mí, la verdad.

Basta con que intuya una escena inquietante en la televisión o en el cine para que mi imaginación se eche a volar. Lo peor es que cuanto más pienso en ello, más me sugestiono, hasta que cuando voy a dormir ya estoy completamente segura de que voy a morir víctima de la amenaza en cuestión. Fantasmas, desastres naturales, niños demasiado silenciosos que miran fijamente. Sin problema. Cuando se trata de El Miedo, no tengo prejuicios para nadie.

Pero bueno, tampoco es que haya una sola manera de sentir miedo en ficción. Hay muchas clasificaciones de las historias de terror en función de su género o subgénero, del público, y del tipo e intensidad de la emoción experimentada.

Me quedo con esta de Stephen King, que me ha parecido muy elocuente:

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En mi caso, aunque no tolero las emociones más fuertes, sí disfruto del terror que tira más a suspense, sobre todo cuando no intervienen elementos paranormales. También me gustan las ambientaciones de novelas y cómics juveniles típicas de Halloween, como las creadas por Dave McKean, Edgar Gorey o Jill Thompson.

En fin, tras estas reflexiones aleatorias te dejo con mi recomendación de cosas interesantes, cosas raras, y cosas que dan mucho miedito, para que pases miedo o te inspires este Halloween.

Mis recomendaciones para Halloween

1. American Psycho, de Bret Easton Ellis

Terror, ansiedad, desconcierto, náusea. American Psycho origina todas las sensaciones que uno no quiere experimentar en su vida. Aún así, su lectura es tan absorbente que acabas totalmente enganchado y leyendo con un ojo cerrado pasajes enteros de violencia retorcida.

Creo que de todos los libros que he leído, American Psycho es el que más me ha impactado, y en sentidos que no esperaba.

Te invito a leer esta reseña que escribí para Fantasy Mundo.

2. Los videoclips de Chris Cunningham

Casi todos los videoclips de Chris Cunningham son bastante perturbadores, pero este se lleva la palma:

3. Cyriak

Y hablando de videoclips y de cosas perturbadoras, te recomiendo que explores la producción audiovisual de este animador inglés.

4. Los libros ilustrados de Dave McKean 

Dave McKean suele ilustrar cómics y novelas para el público juvenil. Su estilo tiene un aire sombrío muy peculiar, que recrea mediante un uso virtuoso de técnicas como el collage.

No se trata de ilustraciones terroríficas en un sentido explícito, sino sugerentes, inquietantes en su justa medida. Si quieres una recomendación, uno de mis favoritos es The Wolves in the Walls, con historia de Neil Gaiman.

Wolves-in-the-Walls

Fuente: www.mousecircus.com

5. Mississippi Ghost Blues

Llegó la hora del autobombo. No, en serio. Le puse mucho cariño a esta pequeña novela y disfruté mucho escribiéndola, así que creo que a ti puede gustarte leerla.

Contiene aventuras, humor y fantasmas, así que creo que es una buena recomendación para Halloween.

Puedes leer un fragmento gratis en la página de Amazon. Y luego, si quieres, me envías un mensaje diciéndome qué te pareció.


Así que bueno, eso es todo. Si te animas, puedes dejar tus recomendaciones de cosas de miedo en los comentarios. Espero que este Halloween pases mucho horror, terror, inestabilidad emocional, o normalidad. Lo que más te guste.