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Vivimos en mundos paralelos

 

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Hoy, no sé por qué, he tenido la ligera sospecha de que queremos vivir en mundos paralelos.

Si vas por la calle, ves la tele, lees una página web de noticias o tu feed de Twitter, recibes constantemente mensajes como estos:

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Conviértete en otra persona que no eres. Camina hacia un lugar que no existe. Obsesiónate por lo que aún no tienes.

Creo que quizás por esa influencia de los medios, usamos mucho el tiempo presente para hablar de cosas que aún no han llegado, sin tener en cuenta que puede que nunca lo hagan. Nos empeñamos en vivir en esos mundos paralelos en lugar de prestar atención a lo que de verdad somos, a donde de verdad estamos, y a lo que de verdad tenemos.


Déficit de atención por exceso de información

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Más de una vez me he dejado llevar por la necesidad de abarcar todo lo que es interesante y digno de ser abarcado.

En las redes sociales, en la biblioteca, en los quioscos, en las calles. Demasiados libros. Demasiadas películas. Demasiados juegos. Demasiados lugares. Todo demasiado fácil de obtener como para que yo, que también quiero escribir cosas que merezcan la pena, me resista a acumularlos. Como si así pudiera impregnarme del talento de sus creadores. 

Personalmente, me encuentro cayendo en la trampa una y otra vez. Pero recopilar listas de fuentes de información o referencias no equivale a asimilar la enseñanza que contienen.

También creo que a veces me dejo engañar por la ilusión de que la exhaustividad es posible, lo que me termina llevando a un estado de frustración.

Al final, me encuentro con que he perdido demasiado tiempo en organizar las referencias y los canales, y con que tengo demasiadas fuentes de información y demasiado poco tiempo para consultarlas. Para cuando consigo bajarme del limbo de la indecisión ya es demasiado tarde, y me encuentro con que he aprendido pocas o ninguna cosas nuevas y útiles, que era el objetivo de todo este lío en primer lugar.

En resumen: las ingentes cantidades de contenido de calidad accesibles sin apenas esfuerzo por mi parte me llevan a un estado de déficit de atención. Oh. ¡Sorpresa! Igual que a básicamente toda mi generación.

El secreto está en dejar ir

Igual que estoy segura de que esto le pasa a otras personas, no sé si es algo que nos está llevando a la decadencia cultural y social, si hay que luchar contra ello, o si habría que aceptar el cambio y asimilar los términos bajo los que se mueve el mundo hoy en día.

En todo caso, últimamente me gusta hacer un ejercicio que suelo aplicar con resultados bastante buenos. Consiste en aceptar que los recursos son ilimitados, y nuestra atención y nuestro tiempo, muy pero que muy limitados. Y es una limitación tan evidente, que cuando me la recuerdo, me siento un pelín estúpida. Quiero decir, por mucho que lo quiera, no soy un ordenador que con solo escanear un documento ya lo tengo almacenado en mi base de datos listo para su uso.

En fin. Para dar un poco de tregua a mi prosa divagadora, voy a un acudir a un topicazo que de hecho me parece bastante pertinente: más vale calidad que cantidad.

El secreto está en dejar ir. Dejar ir las cosas malas, pero también algunas buenas. Me quedaré con lo que mi intuición me indica que merecen mi tiempo. No me importa si no es lo mejor. El esfuerzo que antes dedicaba a recopilar y luego a escanear todas las fuentes o contenidos hasta agotar los feeds (a veces, como en twitter, es imposible agotar los feeds) sin retener nada, ahora lo dedicaré a asimilar una sola cosa.

Y si has leído hasta aquí, te mereces otro topicazo: menos es más. Y una metáfora. Puedes pasarte la vida buscando y comprando el mejor equipamiento para tu coche, pero si no lo pones en marcha, nunca llegarás a ningún sitio con él.


La diferencia entre saber y no saber

conocimiento Hasta hace un par de años o así no había dibujado mucho. Siempre me había gustado el arte, el diseño, etcétera, etcétera, pero nunca se me había ocurrido ponerlo en práctica yo misma.

No creo que hubiera ninguna razón específica. Es solo que para comprarte una Wacom y usar herramientas como un profesional, o para publicar tu obra online como un profesional, hace falta ser… un profesional. ¿No?

Un buen día se me ocurrió que mis artículos del blog y mis ebook podrían ganar mucho si los acompañaba de material gráfico atractivo. Así que se me ocurrió intentar hacerlo yo misma. Nadie me otorgó el rol de dibujante o de diseñadora. No participé en ningún rito de iniciación. Simplemente, lo hice. O no tan simplemente.

Porque para ello tuve que cruzar una línea que a veces es difícil de cruzar. Y no digo que sea difícil cruzarla tanto porque aprender a dibujar sea difícil como porque a veces ni siquiera te das cuenta de que puedes hacerlo. De que no es necesario que los demás te den permiso ni que tus amigos, las redes sociales, otros dibujantes, o quien sea, decida que tienes legitimidad para ello.

La realidad es que puedes comprarte una Wacom, salir a la calle a dibujar, ver tutoriales de Youtube, y publicar tu trabajo cuando quieras. Así es como yo llegué de esto:

A esto:

La diferencia entre saber y no saber es la adquisición de un conocimiento, no que los demás te digan que lo has hecho. Si tu mismo te niegas a cruzar esa línea por miedo a las etiquetas, los prejuicios, o las críticas, nunca Sabrás.


Algunas notas sobre El Miedo y mis recomendaciones para Halloween

gato-y-luna-halloween¿A quién no le gusta pasar miedo de vez en cuando? Pues a mí, la verdad.

Basta con que intuya una escena inquietante en la televisión o en el cine para que mi imaginación se eche a volar. Lo peor es que cuanto más pienso en ello, más me sugestiono, hasta que cuando voy a dormir ya estoy completamente segura de que voy a morir víctima de la amenaza en cuestión. Fantasmas, desastres naturales, niños demasiado silenciosos que miran fijamente. Sin problema. Cuando se trata de El Miedo, no tengo prejuicios para nadie.

Pero bueno, tampoco es que haya una sola manera de sentir miedo en ficción. Hay muchas clasificaciones de las historias de terror en función de su género o subgénero, del público, y del tipo e intensidad de la emoción experimentada.

Me quedo con esta de Stephen King, que me ha parecido muy elocuente:

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En mi caso, aunque no tolero las emociones más fuertes, sí disfruto del terror que tira más a suspense, sobre todo cuando no intervienen elementos paranormales. También me gustan las ambientaciones de novelas y cómics juveniles típicas de Halloween, como las creadas por Dave McKean, Edgar Gorey o Jill Thompson.

En fin, tras estas reflexiones aleatorias te dejo con mi recomendación de cosas interesantes, cosas raras, y cosas que dan mucho miedito, para que pases miedo o te inspires este Halloween.

Mis recomendaciones para Halloween

1. American Psycho, de Bret Easton Ellis

Terror, ansiedad, desconcierto, náusea. American Psycho origina todas las sensaciones que uno no quiere experimentar en su vida. Aún así, su lectura es tan absorbente que acabas totalmente enganchado y leyendo con un ojo cerrado pasajes enteros de violencia retorcida.

Creo que de todos los libros que he leído, American Psycho es el que más me ha impactado, y en sentidos que no esperaba.

Te invito a leer esta reseña que escribí para Fantasy Mundo.

2. Los videoclips de Chris Cunningham

Casi todos los videoclips de Chris Cunningham son bastante perturbadores, pero este se lleva la palma:

3. Cyriak

Y hablando de videoclips y de cosas perturbadoras, te recomiendo que explores la producción audiovisual de este animador inglés.

4. Los libros ilustrados de Dave McKean 

Dave McKean suele ilustrar cómics y novelas para el público juvenil. Su estilo tiene un aire sombrío muy peculiar, que recrea mediante un uso virtuoso de técnicas como el collage.

No se trata de ilustraciones terroríficas en un sentido explícito, sino sugerentes, inquietantes en su justa medida. Si quieres una recomendación, uno de mis favoritos es The Wolves in the Walls, con historia de Neil Gaiman.

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Fuente: www.mousecircus.com

5. Mississippi Ghost Blues

Llegó la hora del autobombo. No, en serio. Le puse mucho cariño a esta pequeña novela y disfruté mucho escribiéndola, así que creo que a ti puede gustarte leerla.

Contiene aventuras, humor y fantasmas, así que creo que es una buena recomendación para Halloween.

Puedes leer un fragmento gratis en la página de Amazon. Y luego, si quieres, me envías un mensaje diciéndome qué te pareció.


Así que bueno, eso es todo. Si te animas, puedes dejar tus recomendaciones de cosas de miedo en los comentarios. Espero que este Halloween pases mucho horror, terror, inestabilidad emocional, o normalidad. Lo que más te guste.


Tus CD y DVD se están borrando (y no lo sabes)

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Cuando creo una imagen o un documento de texto que es importante para mí importante me preocupo de hacer suficientes copias de seguridad como para aplacar mis peores augurios catastrofistas.

De hecho, a veces ni siquiera me tengo que preocupar, porque las propias aplicaciones que uso, o mis dispositivos, ya crean de manera automática copias de seguridad en formato digital.

Pero hubo un tiempo, hará unos quince años, en que no usaba aplicaciones ni sabía bien qué era eso de “la nube”, y estaba convencida de que el CD y el DVD ofrecían una solución de almacenamiento fiable.

Recuerdo que alguna vez me pasó que las fotos de un CD me desaparecieron misteriosamente, pero supongo que siempre lo atribuí a algún error mío a la hora de hacer la copia.

De modo que continué usando estos soportes con confianza, y como con el tiempo terminé moviendo mis contenidos a “la nube” de todas maneras, no volví a pensar en el tema mucho más.

Pero últimamente he leído en Twitter algún rumor que apuntaba a que los CD y DVD grabados hace un par de décadas están empezándose a borrar de manera espontánea.

¿Significa esto que están en peligro aquellos CD que grabé con fotos y trabajos que, debido a mi confianza ciega en el soporte, no guardé en ningún otro sitio? ¿Y qué pasa con mi colección de música y películas originales?

Antes de ponerme en plan alarmista y entregarme a la ardua tarea de volcar el contenido de todos y cada uno de mis CD y DVD en mi PC, decidí investigar un poco más sobre el tema para averiguar así qué hay de cierto en estos presagios, y hasta qué punto están seguros mis archivos.

Por si quieres una versión resumida de mis hallazgos: ¿deberías ponerte un poco nervioso si no tienes copias digitales de tus cosas del instituto y de la universidad?

Respuesta corta:

Respuesta larga: sigue leyendo

No todos los CD son iguales

Al parecer, cuando en los años ochenta aparecieron los primeros Compact disc, los fabricantes presumieron de que el soporte duraba más de cien años, proclama que generó optimismo y confianza en los consumidores, sobre todo porque en aquel momento todavía no era posible demostrar lo contrario.

Pero con el tiempo se empezaron a dar casos de borrados puntuales o masivos que indicaron más bien que aunque no existiera una norma fija, la fecha de defunción de un CD podía ser mucho menor que un siglo.

En una entrevista en NPR, Michele Youket, conservacionista de la Library of Congress, dice que los CD no son todos iguales, sino que sus propiedades dependen de los estándares que hubiera vigentes en el momento en que fueron fabricados, y por lo tanto, que no existe una respuesta absoluta a la pregunta de cuánto dura un CD medio, porque “no existe un CD medio”.

Por otra parte, según el Council on Library and Information Resources, existen diferentes factores que influyen en la longevidad de un CD:

  • tipo (manufacturados en masa mediante replicado, grabados en casa o “duplicados”, regrabables, etc.)
  • calidad de la manufacturación
  • condiciones del disco antes del grabado
  • calidad de la grabadora
  • manejo y mantenimiento (almacenamiento en vertical o apilados, etc.)
  • condiciones medioambientales (nivel de humedad, etc.)

Según esta fuente, incluso CD hechos por la misma empresa, en el mismo año, y siguiendo un proceso de embalaje idéntico, pueden tener esperanzas de vida diferentes.

Para que te hagas una idea, en este gráfico de un estudio que encontré publicado en la web de Library of Congress, se puede ver que, según el tipo, los CD pueden durar desde veinte hasta sesenta años:

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Desde luego, mientras investigaba sobre el tema, eché en falta una respuesta conclusiva, o un estudio independiente con resultados que se pudieran extrapolar, en torno a la pregunta de cuánto dura un CD. Por el contrario, encontré opiniones de todo tipo que variaban según el punto de vista.

Los fabricantes, por ejemplo, me dio la impresión de que seguían un poco en su mundo de Yupi de CD que duran cien años, y que tendían a rehuir responsabilidades alguna vez que se les ha preguntado por el tema.

Conclusión

Tranquilo. No es que tus CD y DVD se estén desintegrando en estos momentos. Pero si tienes una colección amplia, igual te interesa saber que tarde o temprano todos pasarán a mejor vida, incluso los que hayas tratado con más cuidado.  

Según Michele Youket, cuando salieron al mercado los CD, muchas organizaciones grabaron todos sus archivos en este soporte, porque la gente pensaba que si algo estaba en formato digital, era imborrable. Ahora algunos preservacionistas estas preocupados de que esa información desaparezca si nadie hace copias a tiempo, bien por falta de concienciación, o de presupuesto.

Y por cierto, ¿no podría pasarnos algo parecido en el futuro con los sistemas de almacenamiento de información que hoy creemos fiables? ¿Alguien se plantea qué pasaría si un día Facebook, WordPress, Flickr, o cualquier otra empresa privada sin ningún tipo de responsabilidad social, cesara su actividad?


Fuentes consultadas: CNET | NPR | Council on Library and Information Resources | Library of Congress | The Atlantic


Cosas que espero poder imprimir si alguna vez tengo una impresora 3D

La democratización de las impresoras 3D todavía queda un pelín lejos, pero los pioneros hace tiempo que comparten e imprimen sus diseños en páginas como Thingiverse.

Después de la era de los todo a 100, parece que la humanidad está preparada para dar un paso más en cuanto a la producción a gran escala de objetos inútiles a desechar poco después de adquirir.

En este sentido, Thingiverse, cuyo nombre resulta de la unión de “thingy” (un objeto pequeño y tan banal o poco familiar que se desconoce su nombre propio), ha superado todas mis expectativas, con diseños tan increíbles como esta estatua halcón de Edward Snowden, esta figura de un oso un poco fea, o esta bola random.

Precisamente esta indefinición será, en mi opinión, uno de los efectos positivos que traerá esto de las impresoras 3D, ya que necesitaremos los servicios de lingüistas experimentados para averiguar cómo definir con propiedad cosas como esta, o esta.

Y a pesar de todo lo dicho, para que conste que soy consciente de que de aquí a un tiempo yo misma seré la primera en ponerme a imprimir chorradas, me gustaría romper el hielo con mi propia wishlist de cosas que espero poder imprimir si alguna vez tengo una impresora 3D.

1. Una taza diseñada por mí

impresora-3D

2. Un anillo para gobernarlos a todos

Tú también lo quieres, y lo sabes. impresora-3D-anillo

3. Mi cerebro

Cuando esto esté más avanzado, ¿podrás usar tus radiografías y similares para hacer copias a tamaño real de partes de tu cuerpo? Espero que sí. impresora-3D-cerebro

4. Un puñado de petisos carambanales

Evidentemente los distribuiré por los lugares más insospechados.
impresora-3D-petisos

5. Un casco para mi gato

Y por supuesto, otros abalorios y complementos a medida.

impresora-3D-gato

Y a ti, ¿qué objetos que en la actualidad no se pueden adquirir por los canales habituales te gustaría poder imprimir en el futuro?


Cosas rotas

Un gorrión preguntando a otros dónde está el Parque Güell.

Vivo cerca del Parque Güell. Cada día, para ir a trabajar o a hacer cualquier cosa en otra parte de la ciudad, tomo el metro en la misma parada donde bajan y suben millones de turistas al año dispuestos a descubrir la magistral obra de Gaudí.

No me extraña; la verdad es que es un lugar increíble, y estoy segura de que para muchos, este es uno de los principales atractivos de la ciudad.

Sin embargo, hay un inconveniente, que es la localización y el acceso al lugar. Por supuesto, en su día no se contempló como un inconveniente, sino como algo positivo, porque inicialmente fue pensado como zona residencial para la gente pudiente, que en general prefiere estar lo más lejos posible del resto de mortales.

La cuestión es que cuando sales del metro, que es el punto más cercano al parque al que se puede acceder en transporte público, te encuentras en un barrio de aspecto convencional, y de hecho, más bien decaído, que se aleja del mundo de fantasía y color que el visitante probablemente se haya formado en la cabeza a partir de sus investigaciones previas.

Además, el lugar está en un punto bastante elevado de la ciudad, y para acceder hay que subir una gran cuesta infernal, o bien unas escaleras mecánicas de libro Guinness y luego una pequeña cuesta infernal.

Con todo esto, y teniendo en cuenta, o suponiendo, lo importante que es este destino para la economía, la imagen, la cultura, etcétera, etcétera, de la ciudad de Barcelona, uno esperaría que el acceso esté más o menos bien señalizado. ¿Verdad?

Pues no.

Cada día, cuando salgo o entro en el metro, veo gente perdida. Al medio día, gente perdida. Por la tarde, gente perdida. Por la noche, gente perdida. Los lunes, gente perdida. Los domingos, gente perdida. Japoneses perdidos. Americanos perdidos. Coreanos perdidos. Italianos perdidos. Gente perdida everywhere. En la boca del metro; en la puerta de mi casa; en calles por las que definitivamente no se llega al parque Güell. Gente perdida en lugares que no imaginarías.

Podría escribir un tratado de profundidad considerable sobre la gente perdida. Sobre cómo se mueven; qué pautas de comportamiento siguen según su cultura de origen; cómo pasan por los diversos estadios previos y posteriores al descubrimiento de la propia perdición.

Estoy segura de que podría identificar a una persona perdida en un mar de personas. Podría aprender idiomas respondiendo a los turistas que me preguntan dónde está el Parque Güell solo con solo quedarme un rato cada día en la boca del metro.

Definitivamente, la gente se pierde yendo al Parque Güell.

Cómo alguien piensa que está ayudando a la gente a llegar a su destino

No. No es que esté mal indicado. Es que está virtualmente no indicado.

Digamos que estos son los inputs con los que cuentan los visitantes a la hora de averiguar el camino hacia el parque:

1. El típico mapa “usted está aquí”

Situado dentro de la estación de metro, desde donde todavía no puedes ver la calle, y por lo tanto, orientarte, a no ser que vivas en el barrio.

Apostaría a que este es uno de los mapas durante más tiempo y por más personas observado de la historia de la humanidad. Cuando un turista decide dejar de mirar ese mapa no es porque haya averiguado el camino, sino por aburrimiento. Lo oigo a menudo: “ya preguntaremos a alguien”, o “vamos fuera, que estará más claro”.

Aayyy, amigo mío, qué poco te va a durar la confianza, porque fuera te espera…

2. Una señal en un poste 

Digamos que si quisiera que alguien no viera una señal al salir del metro, la pondría justo como está ahora:

Se podría decir que no es una señal con la que te tropieces.

Todos los visitantes del Parque deben superar duras pruebas de agudeza visual.

El tamaño, altura, color, orientación y posición de este poste fueron diseñados por alguien que nunca se había perdido intentando llegar al Parque Güell.

Por cierto, en la parte inferior hay un mini mapa pegado, pero siempre que me he parado a mirarlo estaba rasgado.

Cómo la gente está llegando a su destino en realidad

Para quien no haya andado por la zona, todos los días del año y a todas horas, fluye desde la estación de metro hasta la entrada del parque una hilera más o menos densa de turistas que, en plan hormigas, se limitan a seguir a los otros que identifican como de su propia especie.

También hay veces en las que los visitantes se lanzan a preguntar. En mi caso soy preguntada una media de una o dos veces por semana, pero hay quien tiene un negocio en el camino, y que debe de resultar así como muy accesible y afable, y que cuando se le acerca un turista puedes ver perfectamente cómo se le pone la mirada cristalina y cómo se gira con parsimonia ancestral. Admiro a esas personas. Solo con verlas una aprende grandes cosas sobre las relaciones humanas y sobre el entendimiento entre culturas; sobre el estoicismo y sobre la ética. En definitiva, sobre la vida.

Por último, están los que confían en el azar. Me atrevo a decir que son los que más sufren.

Esto está roto

Si no has visto esta charla de Seth Godin, te recomiendo que lo hagas. Además de ser muy divertida, da otros ejemplos sobre cómo hacer cosas sin tener en cuenta a la persona que las va a utilizar.

Cuando ayer alguien me preguntó cómo se iba al Parque Güell, me acordé de Seth Godin. Me dije: “esto está roto”.

Gaudí se ha currado a base de bien una obra de película; ha habido una inversión millonaria en publicidad a lo largo de los años; se ha restringido el acceso a la zona y se ha empezado a cobrar por la entrada para mejoras de acceso y conservación.

Y sin embargo, la gente que está interesada en lo que ofreces tiene serios y evidentes problemas para llegar hasta ello.

Si ya tienes lo más difícil, que es un patrimonio de gran valor artístico, ¿por qué no te gastas seis euros en un cubo de pintura y pintas las típicas huellas que el turista sin duda verá porque le quedarían a nivel de la vista cuando saliera del metro? O si lo prefieres, pon unas pegatinas. O a una persona o dos que recojan a los visitantes cuando salgan del metro y los lleven a la entrada del parque por turnos. Lo que quieras, pero por Dios, ¡haz algo que funcione! ¡Ponte en el lugar de la otra persona!

¿Por qué arreglar las cosas que están rotas?

Espero que esta historieta te haya servido, así en plan analogía, a valorar si el camino entre tu público y lo que les ofreces está libre de obstáculos.

Seguro que los turistas que vienen a Barcelona a ver el Parque Güell acabarán viéndolo tarde o temprano, aunque para ello vivan momentos de frustración. Pero en casos como el mío, donde soy una completa desconocida y de entrada la gente no cuenta con una gran motivación para leer mis libros, no voy a perder el tiempo publicándolos si no me aseguro de que es posible acceder a ellos.

Diseñar una buena campaña de marketing para despertar el interés es importante, pero una vez la gente viene a ti, es mejor que te pongas en su lugar y pienses en cómo podrás ayudarles a llegar al destino.

¿Es fácil acceder a información esencial como el precio o el género? ¿Puede alguien perderse en el camino desde el primer impacto hasta la página de descarga? ¿Son aceptables los tiempos de descarga de archivos? Y lo más importante: ¿funcionan los enlaces? Porque qué faena, ¿no? Te curras el libro, haces una portada atractiva, una ficha en tu web, lo anuncias en todas partes, y en el último paso, justo cuando hay alguien interesado, se rompe todo.

Todos querríamos poner un mapa y un poste y olvidarnos para siempre del tema. Pero hay que contar con que las cosas tienden a romperse con el tiempo.

Así que cuando esperes un comportamiento específico de los visitantes a tu web, párate a pensar en las dudas y problemas que les podrían surgir en el camino, y prevé qué puede fallar. Si es posible, haz pruebas de usabilidad con alguien que no conozca bien tu trabajo. Reproduce escenarios en los que una persona interesada está lo más perdida posible, porque ahí puede encontrarse la diferencia entre un visitante frustrado y un lector fiel.


3 preguntas a… Oriol Malet

Oriol Malet.

Fuente: www.malet.co

Si conoces el trabajo de Oriol Malet, no hay mucho más que decir. De lo contrario, puedo intentar darte una breve introducción aquí, aunque la única manera de que te hagas una idea de la extensa, variada y excepcional producción de este ilustrador, es verla con tus propios ojos.

Así que te recomiendo que visites su página web, o que simplemente Googlees su nombre y disfrutes de visiones tan hechizantes como estas:

Ilustraciones de Oriol Malet para La casa del torreón (Narrativa singular).

Ilustraciones para La casa del torreón (Narrativa singular).

Descubrí la obra de Oriol en una exposición de originales de portadas de la Editorial Galera, e investigando más tarde vi que además de ilustrar libros infantiles también ha trabajado para multitud de editoriales y revistas de primera línea, incluyendo colaboraciones habituales en La Vanguardia, Jot Down o Time Out Barcelona.

Encima, como comprobarás en esta entrevista, y como él mismo capturó en esta ilustración publicada en su blog, Oriol es un dedicadísimo padre que compagina intensas jornadas de trabajo con situaciones como esta:

Oriol Malet trabajando a saco mientras su hija le reclama.

Fuente: www.malet.co/es/bloc/

Y lo mejor de todo es que no hace falta irse a Estados Unidos o saber japonés para comunicarse con él, porque… ¡es producto nacional! De modo que te dejo con estas tres curiosidades en torno a sus procesos de trabajo que espero que te sirvan de inspiración:

PRIMERA PREGUNTA: ¿Cómo es un día cualquiera de trabajo tuyo?

Nada que ver con la realidad de hace tres años, cuando no tenia hijos. Ahora es una mezcla de caos absoluto y autodisciplina obligatoria. Tengo una hija pequeña que no llevo a la guardería (y otra que viene en camino) así que aprovecho las horas en que duerme para trabajar, aparte de las tres horitas matutinas que está con los abuelos. Me levanto muy temprano, a eso de las 6 (o antes), trabajo un par o tres de horas hasta que se despierta mi mujer y mi hija. Paro de trabajar, preparo desayunos, visto a la peque, le doy el desayuno y la llevo a casa de los abuelos. A eso de las 9.30 o 10 me pongo de nuevo al trabajo, otras tres horas. Voy a buscar a la peque, le doy el almuerzo, leemos un libro y la pongo a dormir un par de horas. Llega mi mujer a las 5 y trabajo una horita. Pasamos la tarde con la peque, le doy la cena y me vuelvo a poner a trabajar, y trabajo un par de horas antes de irme a dormir, hacia las 11-12, dependiendo de la energía que me quede. Cuando llego al límite del agotamiento un día me levanto tarde, duermo siesta y me voy a dormir temprano, y vuelta a empezar.

El fin de semana intento descansar, pero siempre hay plus de trabajo y me pongo a ello un par de horas durante las siestas de la peque, aunque los findes aprovecho para leer los textos que tengo para ilustrar.

SEGUNDA PREGUNTA: ¿Puedes enviarme una foto de algo que haya a tu alrededor ahora mismo y contarme algo sobre ello?

Reloj que rescaté de una casa en ruinas y le añadí el motorcito.

Reloj de Oriol Malet.

TERCERA PREGUNTA: Si una ilustración tuya fuera un pastel, ¿qué cantidad de cada uno de estos ingredientes llevaría?

Gráfico de elaboración propia a partir de la respuesta de Oriol.

Gráfico de elaboración propia a partir de la respuesta de Oriol.


Web oficial: http://www.malet.co/

*Formato de entrevista inspirado en el blog http://inkygirl.com/


Por qué no deberías leer blogs de autores autopublicados (incluyendo el mío)

Manos escribiendo textos. Una de ellas sostiene un bolígrafo rojo, y lo que escribe no son líneas aburridas, sino formas orgánicas.

Con este políticamente incorrecto titular no quiero decir que no deberías comprar su (nuestra) obra o apoyar lo que hacen (hacemos), solo que si tú mismo eres un escritor en busca de inspiración y rumbo, puede que seguir otros ejemplos similares a ti no sea la mejor opción.

Y he aquí las razones:

1. Si lees lo mismo que los demás, escribirás igual que los demás

Como aplicado escritor novel/autopublicado/semiautopublicado que eres, tendrás bien organizados en tu feed de noticias los blogs nacionales e internacionales más populares en el mundo de la autopublicación, destacando los que contienen las mejores ideas o los que enseñan a hacer las cosas de la manera más fácil.

Pues bien, tengo una sorpresa para ti: yo también los tengo en mi feed de noticias. E igual que yo, todos los otros escritores novel/autopublicados/semiautopublicados de tu país y del mundo.

Pero claro, ¿cómo no íbamos a tenerlos, si todos proclaman (proclamamos) con tanta seguridad tener las mejores y más efectivas fórmulas para escribir/editar/publicitar libros? ¿Cómo íbamos a resisitirnos a titulares tipo “Aprende a usar <inserte herramienta de edición aquí> en 30 minutos”; o “How to craft compelling characters in 5 steps”; o “Escribe el próximo best-seller en estos fáciles y sencillos y rápidos y carentes de esfuerzos por tu parte 10 pasos“.

¡Todo es tan fácil! Aunque… espera un momento… si de verdad es tan fácil y da tan buenos resultados… ¿no habrá más gente intentando lo mismo…? Y por cierto… ¿por qué se suele dar por sentado que preferimos una versión simplificada de labores tan ligadas a la creatividad, un proceso que por definición requiere tiempo y envuelve imprevisibilidad?

 2. Que los demás lo hagan así no significa que sea la mejor manera

Ni la más fácil, ni la más difícil, ni la más barata, ni la más cara, ni la que más vayas a disfrutar poniendo en práctica.

Que los demás lo hagan así significa… que los demás lo hacen así.

3. Busca los lectores donde están, no donde todo el mundo los busca

Unos escritores buscando lectores y sin darse cuenta de que tienen uno justo debajo.

Es un círculo vicioso. Yo promuevo en mi blog lo que los autores que leo promueven en los suyos. Quizás porque los autores “autopublicados” en principio no estamos ligados a editoriales u otras organizaciones que nos marquen cómo actuar, tendemos a validar sin cuestionar lo que nosotros mismos decimos.

Con esto no quiero decir que no debamos apoyarnos entre nosotros, solo que de vez en cuando nos vendría bien cuestionar las asunciones y los métodos puestos en práctica por la mayoría.

De modo que si muchos de nosotros publicamos en Amazon lo hacemos porque… porque los demás también lo hacen. Porque los otros autores están ahí, porque los lectores están ahí, porque así es como tiene que ser. Si me apuras, habrá quien publique en Google Play, en Bubok, o en la Ibookstore, quizás pensando que están tomando un camino alternativo.

Pero ¿de verdad que no existen otras alternativas? ¿De verdad que para tropecientos mil millones de lectores que hay en el mundo solo hay cinco o seis plataformas de publicación posibles?

 ¿Si soy escritor y no leo blogs de escritores… entonces qué blogs quieres que lea? : – \

Pues blogs sobre jardinería. O sobre vestidos de boda. En serio. Igual suena raro, pero es probable que encuentres las ideas más frescas para aplicar a tu plataforma y a tu trabajo en lugares que en principio no parecen tener nada que ver con lo que haces.

Aunque no estemos acostumbrados a hacerlo, podemos encontrar ideas también en lugares donde no las solemos buscar. Solo hay que dejar de sobrevalorar la literalidad* y dedicarnos más a menudo a interpretar y a adaptar.

Solo que claro… si te dan las cosas hechas te ahorras estrujarte el cerebro… Además, la otra opción es arriesgada. ¿Y si empiezo a dedicar tiempo a buscar ideas y a hacer las cosas a mi manera y luego no obtengo ningún beneficio? Dios mío… ¡podría hasta perder mi finito y valioso tiempo! ¡Ah, amigo! Bienvenido al mundo de hacer las cosas por uno mismo.

¿Existen alternativas?

Un gigante formado con el logo de Amazon indica a una fila interminable de escritores que pasen por el aro.

Nocte es la Asociación Española de Escritores de Terror. Está formada por autores conocidos y otros por conocer que hacen muchas cosas que los demás no hacemos, como promover publicaciones conjuntas, antologías, y últimamente, hasta un libro juego.

¿Y venden más los autores de Nocte que los que no estamos en Nocte? ¿Venden menos? Pues no lo sé, ni me interesa. La cuestión es que hacen cosas únicas y de entrada más interesantes para mí como lectora que lo que hacemos la mayoría.

Crear una plataforma propia, ya sea solo o acompañado, conlleva tanto esfuerzo y tiempo que la mayoría ni siquiera nos lo planteamos. ¿Y por qué no? Quizás en parte porque es más fácil dejarse llevar por la inercia sin cuestionarse las cosas, y en parte también por el miedo al posible fracaso. ¿Pero y lo bien que lo pasaríamos haciendo todo a nuestra manera, proponiendo cosas únicas al público y aprendiendo de otros creadores? ¿Acaso estamos tan obsesionados con el éxito que quitamos toda la importancia al proceso?

Conclusión

No es que esté intentando promover aquí el ir en contra del status quo porque sí, pero a veces uno se para a pensar… ¿por qué tengo que publicar en Amazon si hay virtualmente infinitas alternativas posibles? ¿No habrá otra manera de hacer las cosas?  ¿Y voy a encontrar esa manera prestando atención a cómo lo hacen los demás?

Pero ahora que lo veo… el post me ha quedado todo lleno de preguntas y yo no es que haya propuesto muchas soluciones que digamos. ¿Y por qué? ¡Tachán! ¡Porque yo también hago las cosas igual que los demás! Y esa es la razón por la que no deberías estar leyéndome.

Así que si eres un escritor y quieres hacer algo diferente a lo que yo hago, a lo que otros hacen, si quieres un consejo, ve ahora mismo y borra mi URL de tu feed de noticias. : D


*Sí, esta palabra existe.