Cómo elijo los nombres de mis personajes y algunos apuntes sobre el naming en ficción

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La verdad es que a la hora de poner nombre a mis personajes, siempre me he guiado por mi intuición más que por otra cosa. No he leído lecciones sobre el tema ni he seguido recomendaciones ajenas, pero me da que esta es una cuestión en la que cada maestrillo tiene su librillo.

Buscando ideas para el post de esta semana, me pregunté si había alguna pauta más o menos consciente que sigo de manera sistemática a la hora de bautizar a mis personajes. Aunque pienso que el naming de personajes no es un proceso ni mucho menos mecánico, sino más bien espontáneo, creo que esta lista basada en mi experiencia como autora y como lectora, te puede servir como guía práctica para obtener ideas o contrastar tus propios métodos.

1. Los nombres deben ser adecuados a tu historia

Más de lo mismo, pero creo que es importante.

Para mí que los nombres de los personajes de una misma historia deben formar un todo coherente y cohesionado en el que cada nombre se vea justificado a sí mismo. Y no solo hablo de coherencia en cuanto al idioma o a las connotaciones culturales que lleven asociados. Hablo de su sonoridad, de su consistencia. Bueno, en realidad no sé de qué hablo, pero sé que está ahí, y que es único en cada historia.

Que un conjunto de nombres sea apropiado dependerá de factores específicos a la novela o relato en cuestión, como el género o el tono (literal o irónico, por ejemplo). Por supuesto, eso significa que muchas veces lo que sea apropiado en un caso puede no serlo en otro, y por cierto, ahora que lo pienso, también invalida este artículo que estás leyendo, que se basa en mis métodos personales.

En fin, a ver si se me ocurre algún ejemplo.

Pues mira, en Ensayo sobre la ceguera, Saramago se refiere a sus personajes con epítetos como “la mujer”, “el ciego”, “el niño”, “el viejo”, etcétera. Ni siquiera cuando el punto de vista está en “la mujer”, llegamos a saber su nombre propio. El hecho de que este método se utilice de manera consistente es de algún modo significativo en sí mismo, ¿no te parece?

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Prueba de comprensión lectora. Según lo que has leído hasta ahora, ¿cuál de los siguientes listados sería el más apropiado?

2.Tiene que haber cierto sentido de arbitrariedad

La verdad es que siempre doy mucha importancia a la verosimilitud en ficción, tanto cuando la leo como cuando la escribo. Por eso creo que a la hora de poner nombres a personajes, a veces tenemos que contenernos y respetar los límites de lo creíble.

Quiero decir, igual te sientes tentado de apellidar “Black” a un tío que resulta que es un poco malote, o “Clara” a una chica que es muy blanquita de cara y muy rubita. Hombre, hasta en la vida real podría darse el caso, pero bueno, antes de decidirte piensa que los padres bautizan a los hijos antes de saber cómo será su personalidad.

Si al final te la juegas, asegúrate de que la elección se justifique de algún modo en el marco de la narración, y que el lector encuentre la justificación aceptable. Si no, también puedes convertirlo en apodo, destacar la ironía detrás de la coincidencia, o incluso, por qué no, no hacer nada de lo que estoy diciendo.

Por cierto, en relación a esto, ¿qué te parece esta primera frase de una historia de mi propia cosecha?

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3. Si el nombre es demasiado largo o inusual, distrae

Durante un tiempo estuve obsesionada con el nombre “Alexander”. Llamé Alexander a por lo menos tres personajes relevantes de tres historias diferentes, incluyendo al protagonista de La máquina de soñar.

Esta es una novela basada en la exploración constante de la psicología del protagonista, y como apenas aparecen otros personajes, casi todo el rato tengo me refiero a Alexander como protagonista de la acción. Alexander dice, Alexander sube, Alexander baja, Alexander duerme. Que si Alexander esto, que si Alexander lo otro. Alexander, Alexander, Alexander. Si ya has aborrecido el nombre, imagínate después de un par de horas de lectura.

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Salvo que vayas a escribir una novela sobre Pokémon, mejor que los nombres sean legibles.

Cuando escribí el primer borrador de La máquina de soñar no había publicado nada todavía, y lo último que me pasaba por la cabeza era lo susceptible que pudiera sentirse un hipotético lector con respecto a la sonoridad de los nombres de mis personajes.

Algo más tarde, cuando retomé el proyecto con más perspectiva, me di cuenta de que la repetición continua de un nombre propio tan inusual para un hablante de habla hispana podría llegar a interferir en la lectura. Estaba bien que el nombre fuera original y memorable, pero no que llamara la atención sobre sí mismo de manera constante.

Como aún así me resistí a cambiar el nombre, decidí disminuir el posible efecto cacofónico en la medida de lo posible mediante una especie de “purga”.

Lo que hice fue:

  • Eliminar los “Alexander” que no fueran primordiales.
  • Sustituir el nombre propio por un pronombre personal o por un sustantivo siempre que fuera posible.
  • Reescribir o puntuar algunas frases de modo que quedara suficiente separación entre menciones como para evitar la sensación de reiteración.

También en algunas partes me resultó útil señalar la palabra con un subrayador fosforescente para detectar repeticiones excesivas de un vistazo.

Con estos ajustes creo que conseguí neutralizar el efecto cacofónico que planeaba sobre el escrito, y aprendí a estar más atenta a este tipo de detalles relacionados con la experiencia del lector.

4. Si un nombre propio tiene connotaciones claras asociadas, estas pueden interferir en la lectura de tu personaje

¿Estás seguro de que quieres llamar a tu personaje Madonna? A no ser que la elección se justifique en el marco de la narración, o que precisamente estés planeando alguna jugada con los significados atribuidos al nombre, es mejor que elijas otro, o el lector se quedará con la impresión de que algo no cuadra.

Se me ocurre que podría ser un experimento divertido preguntar a amigos o familiares qué ideas o palabras les evocan los nombres de los personajes de tu siguiente historia*. Si diferentes personas responden con conceptos muy similares, quizás deberías tenerlo en cuenta para contrarrestar prejuicios o para aclarar ciertos rasgos del personaje pronto en la narración. O también puedes querer ignorarlo por completo, claro, tampoco hay por qué ponerse en plan freudiano.

Por cierto, me viene a la memoria un caso célebre en el que pasó justo lo contrario. Resulta que J.K. Rowling le puso a Hermione Granger el nombre de “Hermione” porque era muy inusual en la vida real, y quería reducir al máximo el número de niñas a las que probablemente tomarían el pelo por llamarse igual que la empollona de Harry Potter. Irónicamente, a raíz del éxito de la serie, muchos padres empezaron a poner el nombre a sus hijas:

5. Si el nombre es demasiado común, el lector no lo recordará

¿Cómo se llama el protagonista de la última película que viste? ¿Y de las últimas diez? Yo me acuerdo de uno, y solo porque era también el título de la película.

Con los libros igual no pasa tanto, pero pasa. La cuestión es: ¿me importa? La verdad, yo creo que no, pero no sé por qué, me da la impresión de que cuando recuerdas el nombre de un personaje, es más probable que te acuerdes del personaje en sí, de la obra, de lo que te influyó de la lectura. O quizás es al revés, y recordamos el nombre de un personaje porque la historia nos influyó. En fin, como siempre, me limito a divagar.

En cualquier caso, sí creo que en algunos casos específicos puede convenir procurar un nombre memorable. Por ejemplo, cuando se trata de una serie o saga, o cuando es una obra muy centrada en un personaje protagonista, en cuyo caso un nombre sugerente puede hacer que el personaje parezca más atractivo —que es precisamente lo que busca el naming entendido como disciplina del marketing. Al fin y al cabo, si recuerdas el nombre de alguien, ¿no estarás de algún modo más inclinado a hablar sobre él?

6. En la medida de lo posible, conviene evitar que el lector se arme un pifostio mental

Vale que no soy la lectora más ágil del mundo, pero no recuerdo tener un cacao mental de nombres como cuando leí 100 años de soledad.

Tenemos nada más y nada menos que siete generaciones de una familia en la que todo el mundo se llama Aureliano, Arcadio, Jose Arcadio, Arcadio II y similares, y es así durante cientos de páginas donde se hace referencia constante a las relaciones entre familiares de diferentes épocas.

Menos mal que más o menos pronto me di cuenta de por dónde iban los tiros, y tomé la iniciativa de montar un árbol genealógico como este que hay en Wikipedia. Conforme el libro avanzaba, yo iba ramificando el árbol y tomando notas para identificar a cada personaje, y así logré enterarme de todo.

Fuente: Wikipedia.

Fuente: Wikipedia (clic para ampliar).

Evidentemente, la obra es un clásico reconocido tal y como está escrito, y Gabriel García Márquez tendría sus razones para poner esos nombres a sus personajes, pero la verdad es que a mí, como lectora, me llegó a suponer una distracción de la lectura.

Moraleja: tus lectores no tendrán tan interiorizados como tú los nombres e identidades de tus personajes, y para aprenderlos irán improvisando reglas mnemotécnicas y reteniendo las caracterizaciones que vayas modelando de cada uno.

Tenlo en cuenta (si quieres), y al menos procura reducir al máximo el riesgo de generar pifostios mentales.

7. Los nombres propios suelen sugerir una procedencia

A pesar de que nunca sitúo mis historias en zonas geográficas reales, tengo una indiscutible tendencia a asignar a mis personajes nombres de sonoridad anglosajona.

Durante mucho tiempo lo hice de manera automática, sin reparar en ello, hasta que a alguien le debió de parecer raro y me preguntó que ya que es escribía en español, por qué los personajes no tenían nombres típicos de la esa misma lengua.

Por alguna razón, tengo prejuicios contra los nombres propios españoles en ficción, tanto cuando los escribo como cuando los leo. Creo que tiene que ver con el hecho de que los libros y los cómics que leí en mi niñez y adolescencia, que es cuando los libros más me han influido, casi siempre eran obras en inglés o de origen anglosajón.

Tampoco sé en qué medida esto explica o justifica mis prejuicios, pero es algo que hago sin pensar mucho. Simplemente, cuando tengo que elegir, los nombres extranjeros me suenan mejor.

Pero a lo quería llegar es a que cuando eliges nombres para tus personajes, lo quieras o no estarás señalando, de manera más o menos directa, hacia una procedencia geográfica o cultural del mundo real. Por otra parte, cuando el lector lee un nombre nuevo, y sobre todo si todavía no se ha especificado ninguna procedencia en la narración, intentará situarlo en un mapa (o esa es mi teoría). Creo que conviene ser consciente de este tipo de cosas para asegurarnos de que lo que se interpreta de nuestra narración corresponde a lo que nosotros queremos comunicar.

Luego también está la opción de inventar los nombres propios de modo que el lector no llegará a asociarlos con ninguna procedencia en concreto.

Creo que si este recurso se emplea en casos en los que es apropiado al género y al tono de la historia, el resultado puede ser muy interesante. Estoy pensando en The Stranger, de Max Frei. En este libro, el anodino nombre del protagonista humano, Max, contrasta con los singulares nombres de los habitantes del mundo de Echo, tales como Lonli-Lokli, Maba Kalox, Melamori, o Juffin.

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Bendito el día en que me topé con esta obra en una librería.

El mundo de Echo ya es bastante único de por sí, pero el hecho de que los nombres propios tengan personalidad y que al mismo tiempo no lleguen a evocarme ninguna procedencia específica del mundo real, en mi opinión añaden autenticidad al universo del libro.

Además, para mí este es un caso atípico porque realmente me gusta leer los nombres de los personajes, paladear su sonoridad aunque sea solo en mi cabeza. Evidentemente esto hace que me resulten más memorables. ¿Quién en su sano juicio olvidaría un nombre como el de Melamori?

En resumen, cuando eliges un nombre para tus personajes, lo quieras o no estarás vinculándolos con una procedencia, o si no, ya se la atribuirán los lectores.

Por cierto, una buena manera de asignar nombres creíbles a los personajes es usando un generador automático de nombres. Yo uso Behind de Name Generator, donde marco las casillas si quiero que el nombre sugiera alguna procedencia específica, y luego genero un par de nombres hasta que aparece uno que me satisface.

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Random Name Generator es la pila bautismal de muchos de mis personajes.

Conclusión

Si yo fuera tú, no me haría ni caso (a mí, digo, no a ti). Seguro que tú tienes tu propio método, que es el mejor posible para elegir los nombres de los personajes de tus propias historias. El mío es el mejor que tengo para elegir los de los míos. 😛

Pero bueno, espero que te haya gustado el artículo, y que te lances a compartir tus métodos en la sección de comentarios de abajo.

¡Hasta la semana que viene!


(*Oye, ya que estás, ¿me dices qué te evoca “Frederich”?)


¿Qué es InkTober?

Fuente: http://mrjakeparker.com/inktober

Fuente: http://mrjakeparker.com/inktober

Quizás estos dias hayas visto algún tweet por ahí con el hashtag #inktober. O quizás no.

Yo lo vi, hice clic en él, y descubrí esta iniciativa en la que han participado miles de artistas profesionales y amateur desde que en 2009 la promoviera un tal Jake Parker en su web.

La premisa es sencilla. Cada día del mes de octubre creas un dibujo a tinta, lo publicas donde quieras (en tu blog, Twitter, Facebook, etc.), y lo marcas con el hashtag #inktober.

No importa quién seas ni cómo sea tu nivel de destreza. Tampoco tu estilo. El objetivo es promover buenos hábitos y fomentar la creatividad. También, si un dibujo al día te parece demasiado, puedes sumarte a la versión más light del evento y postear solo uno a la semana. O lo que puedas.

Ahora quizás te estés preguntando: ¿para qué me sirve a mí esto, es que no puedo dibujar cuando a mí me dé la gana y con los hashtags que yo quiera?

Pues sí, pero yo diría que sumarte a esta iniciativa supone algunos puntos positivos: 

  1. Puedes seguir el ritmo que quieras. El evento no está planteado de manera que tengas que cumplir con plazos rígidos de entrega. Cada uno participa en la medida que quiera o pueda. No hay éxito o fracaso, solo un recorrido.
  2. Los hashtags ayudan a que tu trabajo gane visibilidad, y articulan tu trabajo en torno a una especie de proyecto común. Es posible que haya gente que comparta tu trabajo, y que hasta te dé feedback. Todo esto puede motivarte para continuar trabajando.
  3. Descubrirás el trabajo de otras personas (algunos profesionales, otros que están aprendiendo), que te inspirará y te ayudará a aprender.

Descubre ilustraciones increíbles

Te recomiendo que hagas alguna búsqueda en Twitter o en Instagram de los hashtags asociados al evento.

Me hace gracia encontrarme de vez en cuando con algún dibujante de DC o Marvel, como en este tweet que encontré ayer:


Pero lo que más me impresiona es la cantidad de ilustradores increíbles que hay más allá de los nombres famosos. La gente se lo curra muchísimo.

En fin, espero que este post le haya dado un empujoncito a tu creatividad, y sobre todo, que el evento te ayude a encontrar nuevas fuentes de inspiración.


Os presento a Frederich

FrederichFrederich es mercante marino. Está rebosante de alegría porque este año, por primera vez, sus padres le han permitido asistir solo a la célebre Feria de los Siete Mares.

Cuando se despide de su familia, Frederich promete que volverá con un saco de oro el doble de grande de los que solía traer su padre. «Ya era hora», piensa mientras leva anclas, «hace siglos que soy lo suficientemente adulto como para ir a esa feria».

Sin embargo, parece que no es lo suficientemente adulto como para no quedarse dormido en plena travesía y no varar en la remota isla de Lazlar, de la que no sabe nada salvo que en ella todo huele a pescado, y que está exactamente en la dirección contraria a su destino.

Ahora su barca está estropeada, su mercancía, toda echada a perder, y su única opción es aceptar el extraño encargo que le propone un ciego en la playa: «si quieres que te ayude, tráeme una lágrima de Lazlar».


Supongo que después de leer esto te habrás quedado en un casi insoportable estado de intriga, desesperado por saber más sobre las aventuras que aguardan al joven Frederich.

Pues yo digo: no sufras en balde, porque muy pronto podrás conocer la historia completa en formato de libro interactivo, en una aplicación que publicaré para dispositivos móviles. 

La mejor manera de conocer más detalles es suscribirte a mi newsletter o seguirme en Twitter.

¡Ahoy, marinero!



Comprar en el barrio es la única manera de salvar el mundo

comercio-salva-mundoNadie creyó a Nuria cuando proclamó que comprar en el barrio era la única manera de salvar el mundo.

¿Pero qué dices, niña? Déjate de tonterías y vete al centro comercial, que tienen los platos más baratos.

A la madre de Nuria el estruendo producido por la vajilla haciéndose añicos contra el suelo le había dejado los pelos de punta, aunque nada comparable con el miedo a quedarse sin platos precisamente la noche en que venía a cenar su archienemiga en materia culinaria, la Mercedes, ante la que había defendido con uñas y dientes que la vichyssoise se hacía con ajo, solo para darse cuenta demasiado tarde de que había confundido la receta con la del alioli. Reconocer el error a aquellas alturas estaba fuera de cuestión, así que ahora que la Mercedes se había auto-invitado para que le hiciera una demostración, la madre de Nuria no tenía más remedio que llegar hasta el final.

Por su parte, Nuria, que había improvisado aquel pretexto apocalíptico para comprar los platos en su tienda favorita del barrio, agachó la cabeza y salió a hacer el recado sin llegar nunca a saber lo acertada que había sido su profecía.

*****

A pesar de las advertencias de su madre, cuando salió a la calle, se fue directa a la tienda de la esquina, acto de rebeldía que desataría la cadena de causas y efectos que efectivamente nos llevaría a la salvación.

La cosa es que la vajilla que se llevó era la última que quedaba en la tienda, así que la encargada hizo un pedido que resultó contener la cantidad exacta de unidades que la fábrica de vajillas necesitaba vender para no irse a la ruina. El señor Manuel, capataz de la fábrica, al ver que los números cuadraban, llevó a la oficina una bandeja de buñuelos pagados de su bolsillo, detalle que conmovió a Lucas, mozo de carga, que al quedarse treinta minutos después de su turno para disfrutar de la merendola, evitó cruzarse con un fugitivo cuando volvía a casa, lo que le libró de encajar la bala perdida que le hubiera dado muerte.

Así pudo Lucas enviar su jugada en la partida de ajedrez online que mantenía con :-DFlyingStar:-D, un ingeniero de la NASA que se tomaba muy en serio sus aficiones; tanto que se pasaba el día calculando jugadas en los ordenadores de la agencia. Menos mal que Lucas, que era abstemio cerrado y no sabía que las rosquillas del señor Manuel llevaban anís, cometió el error que le daría el jaque mate al ingeniero. Satisfecho con su victoria, :-DFlyingStar:-D volvió a concentrarse en el trabajo, de modo que pudo detectar a tiempo el cuerpo celeste que se precipitaba hacia la Tierra, y que de no haber sido desviado, hubiera causado el fin del mundo.

*****

Este capítulo generó un inexplicable sentimiento de euforia en toda la humanidad, incluyendo a la Mercedes, que hasta elogió la vichyssoise de ajo, pero solo porque no sabía la indigestión que le esperaba.


Cómo crear tu propio archivo de imágenes de stock con Google Fotos

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A lo largo del tiempo he ido acumulando muchas fotos que no solo me han servido de recuerdo, sino también como material de partida para mis diseños y composiciones.

Usando mis propios recursos me despreocupo de los derechos de autor, el trabajo es más enriquecedor para mí, y además me permite obtener resultados más originales.

Pero este sistema siempre me ha supuesto una dificultad a la hora de recuperar los archivos. Como mis fotos están guardadas en carpetas organizadas según el evento o la fecha en que fueron tomadas, si necesito una imagen de un motivo genérico, no me queda más remedio que revisar carpeta por carpeta hasta dar con él. La otra otra opción es nombrar o etiquetar cada archivo según su contenido de manera manual, lo que puede resultar demasiado laborioso según el volumen con el que esté trabajando.

O al menos así era hasta que Google lanzó Google Fotos, una aplicación web y móvil que ofrece espacio de almacenamiento ilimitado para guardar imágenes, y que emplea un algoritmo que «lee» su contenido y lo etiqueta para facilitar así su recuperación.

Google Fotos vs Google Imágenes

Todo esto te recordará al buscador de imágenes de Google, en el que puedes buscar entre todas las imágenes de la red según palabra clave, o subiendo una imagen:

Aprovechando la ocasión para poner fotos de gatitos desde 2013.

Aprovechando la ocasión para poner fotos de gatitos desde 2013.

La diferencia con este sistema, que lleva funcionando desde hace más tiempo, es que aquí Google no «entiende» el contenido de las imágenes, sino que busca entre una serie de datos vinculados a las imágenes, como el nombre de la imagen, el texto de la URL que enlaza a ella, y el texto adyacente.

Por supuesto, la otra diferencia es que aquí estás buscando entre todas las imágenes que están colgadas con visibilidad pública en toda la red, mientras que en Google Fotos, estás buscando dentro de tu archivo personal, que será visible solo para quien tú quieras.

Nivel de exactitud 

Y llegados a este punto, te estarás preguntando: ¿Cuán fiable es este algoritmo, o qué grado de precisión puedo esperar de la aplicación?

Pues puedes probarlo tú mismo subiendo alguna imagen y haciendo búsquedas de prueba:

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Bien hecho. Gracias, Google.

¡Wow! Esa era difícil. ¿Cómo lo consiguió?

¡Wow! Esa era difícil. ¿Cómo lo consiguió?

Si tu lo dices...

Si tu lo dices…

Como verás, los resultados son dispares. En las búsquedas de motivos genéricos, como frutas o animales, los resultados son de una precisión asombrosa, pero si buscas elementos que suelan tomar formas variadas, o conceptos abstractos, verás que todavía tienen mucho que mejorar.

En resumen, puede que en tu archivo halla imágenes que sí encajen con lo que estás buscando, pero que Google no sepa leer su contenido, de manera que en ocasiones tendrás que combinar este método con otros manuales.

Amplía tu archivo fotográfico

Tu archivo de fotos de stock será más útil cuantas más imágenes contenga. Cuando vayas a algún sitio con tu cámara, fotografía también motivos comunes. Nunca sabes cuándo te harán falta. Solo asegúrate de que la perspectiva y la calidad es aceptable, y súbelas a Google Fotos.

También, si quieres usar tu móvil, puedes configurar la aplicación para que la carga se haga de manera automática en Ajustes > Crear copia de seguridad y sincronizar. 

Ya tienes la tecnología. Ahora solo necesitas un poco de dedicación para que tu blog o tu publicación ganen una buena dosis de originalidad.



El día en que aprendí a aplicar texturas con Photoshop

Una de las desventajas de ser autodidacta en cualquier campo del conocimiento es que si no cuentas con una buena guía, puede que no seas capaz de jerarquizar las diferentes materias según su importancia.

Hasta hace poco me limitaba a crear ilustraciones con colores planos, no tanto porque fuera mi estilo favorito, como porque era incapaz de recrear texturas.

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En estas ilustraciones apliqué lo que sabía hacer en aquel momento, aceptando mis limitaciones y sin preocuparme demasiado por lo que no sabía hacer. Las texturas en concreto siempre han sido algo que daba por sentado que no tenía la práctica ni los conocimientos necesarios para aplicar con éxito.

Los pinceles, por ejemplo, eran para mí algo que siempre había estado ahí, pero que por alguna razón, nunca me había sentido legitimada para utilizar más allá del uso de los dos o tres tipos más básicos.

Hasta que un día me dio por explorar el panel de pinceles de Photoshop más en profundidad.

Primero los fui probando todos sin ningún propósito específico, y luego intenté simular los efectos obtenidos por diseñadores profesionales en sus ilustraciones.

Pronto me di cuenta de que mi desconocimiento en este campo me había estado bloqueando todo un mundo de posibilidades. Los diseños con colores planos están bien, pero a veces es bueno variar el estilo, y según en qué casos, las texturas son necesarias para conseguir un resultado profesional.

Mira en este ejemplo (de un dibujo de un proyecto en el que estoy trabajando) la diferencia entre un dibujo hecho con un solo pincel básico, y otro en el que amplié mi repertorio:

texturas-sin-texturas

Por si te sirve de guía, a continuación listo algunos componentes que he ido incorporando a mis diseños, y que están relacionados con todo esto de las texturas:

1. Los pinceles

En mi opinión, el panel de pinceles de Photoshop es muy mejorable. Creo que este menú es menos accesible que los demás, sobre todo cuando te propones realizar acciones un poco más avanzadas, como crear tus colecciones de pinceles o ajustar la configuración para sacar partido a las posibilidades que ofrece el stylus de una tableta gráfica.

panel-pinceles-photoshop

Y todo esto, solo para configurar un pincel, señores.

En resumen, que hay que experimentar y buscar información por ahí para familiarizarse con la nomenclatura (que si «shape dynamics», que si «angle jitter»…), e identificar los pinceles realmente útiles.

2. Usar un lápiz sensitivo a la presión

En relación con el punto anterior, otra cosa que a los diseñadores profesionales probablemente les enseñan en el parvulario, es a configurar los pinceles de manera que el trazo varíe según la presión ejercida sobre el stylus de la tableta gráfica.

Fíjate en esta bota, en cómo los trazos toman una forma más natural y dinámica gracias a un pincel que varía su grosor según la presión ejercida sobre el lápiz:

grosor-variable

Y ahora fíjate en este horrible dibujo mío que probablemente te causará pesadillas esta noche, pero que también es bastante ilustrativo de este efecto.

grosor-pinceles

3. Las imágenes de texturas

El otro día me puse a ojear unos álbumes ilustrados de Dave McKean. Lo que más me impresiona de este ilustrador es su dominio de las texturas.

Fuente: www.mousecircus.com

Fuente: www.mousecircus.com

Cuando analizas la obra de un profesional, te das cuenta de que la única manera de llegar a un resultado así es empleando una buena dosis de intuición, construyendo a base de prueba y error, pero también contando con un repertorio de recursos amplio.

Por eso creo que es importante contar con un buen archivo de imágenes de texturas que puedas aplicar de manera ágil.

Al principio siempre buscaba las imágenes de texturas en Google, pero últimamente he ido creando mi propio archivo para no tener que preocuparme de los derechos de autor.

Cuando quiero mejorar mi archivo, solo tengo que irme con la cámara por ahí a cazar texturas interesantes (a veces no tengo ni que salir de casa), y luego etiquetarlas y almacenarlas como me sea más cómodo.

Luego, para aplicarlas, importo el archivo en Photoshop, y me pongo a hacer el tonto aplicando estilos de capa (multiply, darken, screen, etc.), acentuando los contrastes con los niveles, manipulando la opacidad con máscaras, etcétera, etcétera.

Fíjate, por ejemplo, en lo mucho que cambia esta composición al aplicar una textura:

aplicar-texturas-cuervo

Para obtener este efecto solo tuve que aplicar un estilo de capa overlay a esta imagen:

textura-ejemplo

Por cierto, esta imagen la extraje de esta página, donde puedes encontrar muchos packs de texturas gratis.

4. Las sombras

Me costó lo mío, pero acabé descubriendo que las sombras no tienen por qué ser siempre una mancha plana y gris como aquí:

Con las sombras también se puede ser creativo:

sombra-gatos2

Otra imagen del proyecto en el que estoy trabajando estos días (seguro que ya estás intrigado. :D).

Tu intuición te dirá cuándo vas por el buen camino o cuándo se te está yendo la mano.

Conclusión

Y básicamente este es el resumen de mis últimas investigaciones y avances. El resultado de indecibles sacrificios. Horas y horas de funesto retiro frente a la pantalla del ordenador con la angustia mental como única compañera.

Bueno, no tanto. Pero de verdad creo que este tipo de cosas solo se aprenden a largo plazo, tras mucho investigar y practicar.

Espero que la guía te haya dado ideas y te haya ayudado a mejorar a ti también en tu proceso de aprendizaje.

Si quieres contribuir, deja tus trucos o últimos descubrimientos en los comentarios de aquí abajo. 

¡Hasta la semana que viene!


Intervención sobre GoodReads en el podcast Triunfa con tu libro

Hace unas semanas, Ana Nieto del podcast Triunfa con tu libro me pidió que interviniera en su programa para hablar sobre GoodReads como herramienta de promoción para autores.

La entrevista es un resumen de la guía que publiqué en este post del blog junto con algunas cosillas que fueron saliendo en torno a mi web.

También puede interesarte aunque uses GoodReads solo como autor, aunque es más una guía introductoria que un reportaje en profundidad.

El podcast de Ana trata una buena variedad temas de interés para los creadores de contenidos y algunas entrevistas a autores de éxito autopublicados en nuestro país.

Te recomiendo que eches un vistazo al índice de capítulos; seguro que encuentras algo interesante>> http://triunfacontulibro.com/


Tus CD y DVD se están borrando (y no lo sabes)

CD-longevidad

Cuando creo una imagen o un documento de texto que es importante para mí importante me preocupo de hacer suficientes copias de seguridad como para aplacar mis peores augurios catastrofistas.

De hecho, a veces ni siquiera me tengo que preocupar, porque las propias aplicaciones que uso, o mis dispositivos, ya crean de manera automática copias de seguridad en formato digital.

Pero hubo un tiempo, hará unos quince años, en que no usaba aplicaciones ni sabía bien qué era eso de «la nube», y estaba convencida de que el CD y el DVD ofrecían una solución de almacenamiento fiable.

Recuerdo que alguna vez me pasó que las fotos de un CD me desaparecieron misteriosamente, pero supongo que siempre lo atribuí a algún error mío a la hora de hacer la copia.

De modo que continué usando estos soportes con confianza, y como con el tiempo terminé moviendo mis contenidos a «la nube» de todas maneras, no volví a pensar en el tema mucho más.

Pero últimamente he leído en Twitter algún rumor que apuntaba a que los CD y DVD grabados hace un par de décadas están empezándose a borrar de manera espontánea.

¿Significa esto que están en peligro aquellos CD que grabé con fotos y trabajos que, debido a mi confianza ciega en el soporte, no guardé en ningún otro sitio? ¿Y qué pasa con mi colección de música y películas originales?

Antes de ponerme en plan alarmista y entregarme a la ardua tarea de volcar el contenido de todos y cada uno de mis CD y DVD en mi PC, decidí investigar un poco más sobre el tema para averiguar así qué hay de cierto en estos presagios, y hasta qué punto están seguros mis archivos.

Por si quieres una versión resumida de mis hallazgos: ¿deberías ponerte un poco nervioso si no tienes copias digitales de tus cosas del instituto y de la universidad?

Respuesta corta:

Respuesta larga: sigue leyendo

No todos los CD son iguales

Al parecer, cuando en los años ochenta aparecieron los primeros Compact disc, los fabricantes presumieron de que el soporte duraba más de cien años, proclama que generó optimismo y confianza en los consumidores, sobre todo porque en aquel momento todavía no era posible demostrar lo contrario.

Pero con el tiempo se empezaron a dar casos de borrados puntuales o masivos que indicaron más bien que aunque no existiera una norma fija, la fecha de defunción de un CD podía ser mucho menor que un siglo.

En una entrevista en NPR, Michele Youket, conservacionista de la Library of Congress, dice que los CD no son todos iguales, sino que sus propiedades dependen de los estándares que hubiera vigentes en el momento en que fueron fabricados, y por lo tanto, que no existe una respuesta absoluta a la pregunta de cuánto dura un CD medio, porque «no existe un CD medio».

Por otra parte, según el Council on Library and Information Resources, existen diferentes factores que influyen en la longevidad de un CD:

  • tipo (manufacturados en masa mediante replicado, grabados en casa o «duplicados», regrabables, etc.)
  • calidad de la manufacturación
  • condiciones del disco antes del grabado
  • calidad de la grabadora
  • manejo y mantenimiento (almacenamiento en vertical o apilados, etc.)
  • condiciones medioambientales (nivel de humedad, etc.)

Según esta fuente, incluso CD hechos por la misma empresa, en el mismo año, y siguiendo un proceso de embalaje idéntico, pueden tener esperanzas de vida diferentes.

Para que te hagas una idea, en este gráfico de un estudio que encontré publicado en la web de Library of Congress, se puede ver que, según el tipo, los CD pueden durar desde veinte hasta sesenta años:

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Desde luego, mientras investigaba sobre el tema, eché en falta una respuesta conclusiva, o un estudio independiente con resultados que se pudieran extrapolar, en torno a la pregunta de cuánto dura un CD. Por el contrario, encontré opiniones de todo tipo que variaban según el punto de vista.

Los fabricantes, por ejemplo, me dio la impresión de que seguían un poco en su mundo de Yupi de CD que duran cien años, y que tendían a rehuir responsabilidades alguna vez que se les ha preguntado por el tema.

Conclusión

Tranquilo. No es que tus CD y DVD se estén desintegrando en estos momentos. Pero si tienes una colección amplia, igual te interesa saber que tarde o temprano todos pasarán a mejor vida, incluso los que hayas tratado con más cuidado.  

Según Michele Youket, cuando salieron al mercado los CD, muchas organizaciones grabaron todos sus archivos en este soporte, porque la gente pensaba que si algo estaba en formato digital, era imborrable. Ahora algunos preservacionistas estas preocupados de que esa información desaparezca si nadie hace copias a tiempo, bien por falta de concienciación, o de presupuesto.

Y por cierto, ¿no podría pasarnos algo parecido en el futuro con los sistemas de almacenamiento de información que hoy creemos fiables? ¿Alguien se plantea qué pasaría si un día Facebook, WordPress, Flickr, o cualquier otra empresa privada sin ningún tipo de responsabilidad social, cesara su actividad?


Fuentes consultadas: CNET | NPR | Council on Library and Information Resources | Library of Congress | The Atlantic